29 de mayo 2002 - 00:00

Foster: "A los 40 no tengo que dar examen"

"Llegar a los 40 años supone que ya se han aceptado las propias limitaciones", dice Jodie Foster, que ha protagonizado más de 30 películas con los mejores cineastas, ha ganado dos Oscar, dirigido dos películas y producido una docena. En este diálogo se refiere a "La habitación del panico", que mañana se estrena en la Argentina.

Escena del film
Escena del film
Periodista: ¿Cómo fue decirle al director de «La habitación del pánico», David Fincher, a poco de comenzar el rodaje, que estaba embarazada?

Jodie Foster:
La cara que puso es de las que no se olvidan. Yo me acababa de incorporar a la filmación porque Nicole Kidman quedó descartada para el papel, ya que se estaba recuperando de una lesión de rodilla. Llegué hasta el despacho de David y le dije: «Tengo dos noticias, una buena y otra mala». «¡Estás embarazada!», gritó poniéndose lívido.

P.: ¿Fue costoso estar embarazada durante un rodaje tan duro?


J.F.:
No para mí, aunque durante las primeras semana tuve bastantes náuseas. En mis dos embarazos me he sentido más fuerte que nunca. Pero sí fue duro para David, que creyó que sería una película sencilla de hacer y se le complicó enormemente. El problema era el crecimiento de mis pechos y la panza, ¡me estaba poniendo como una ballena! La película transcurre durante una noche, apenas unas horas, que yo paso dentro de un pijama con una camiseta de tirantes muy finos.

P.: Pero su peso pasa inadvertido...


J.F.:
Entre otras cosas porque fabricaron hasta 4 tallas de la misma camiseta. Llegó un día que eso ya no se podía disimular y como la producción se alargó 5 meses, le dije a David que o acabábamos pronto o no podría seguir expandiéndome ante la cámara. De hecho, dejamos para el final dos secuencias fundamentales porque me permitían ponerme un suéter en una y un tapado en otra. Me rodaron desde todos los ángulos posibles para que no se viese mi enorme panza. Después de nacer Kit, rodé algunadas escenas que necesitaban unas tomas adicionales.

Madre coraje

P.: «La habitación del pánico» alude al bunker en el que una madre y una hija se refugian cuando su casa es asaltada por tres ladrones. Su personaje es toda una madre coraje. ¿Usó sus propias experiencias o sentimientos?

J.F.:
Sí, fue inevitable. Desde que soy madre he desarrollado un fuerte instinto de protección hacia mis cachorros. Y me sale de una manera casi animal. Siempre he sido una persona muy maternal. Ya he interpretado madres antes, pero en esta ocasión he puesto mi cabeza, mi corazón y mi estómago.

P.: ¿Ser madre es su prioridad?


J.F.:
Rotundamente, sí. Es una decisión que tomé hace tiempo y el motivo por el que me tomo mi carrera con más tranquilidad y por el que he cerrado mi productora, Egg Productions. Hay gente que encadena películas y pagan a otras personas para que cuide a sus hijos. Yo no. A mí todo el dinero del mundo no me compensa perderme los primeros pasos de mis hijos o sus primeras palabras. También tengo cierta edad y lo bueno de eso es que ya no tengo que demostrar nada, porque ya lo he hecho. Espero tranquilamente a que me lleguen ofertas lo suficientemente interesantes para que mi familia tenga que prescindir de mi presencia durante unas semanas.

P.: En casi todos sus films interpretó a mujeres solas, sin hombres a su lado, y que
salen adelante de difíciles pruebas.

|J.F.: En mi país, la disfuncionalidad de la familia ha multiplicado los grupos con un solo miembro parental. Fue mi caso y es el de miles de familias. El cine que elijo refleja esta realidad social, pero no hay ninguna intención. Hay muchas mujeres solas, cada vez más. Los personajes que quiero interpretar tienen que ser esenciales en la historia y la película. Me gustan los personajes complejos e interesantes, que no sean ni blancos ni negros, que se sitúen en zonas ambiguas en las que deben buscar su lugar. Le aseguro que son cada vez más difíciles de encontrar. En el cine de consumo masivo, las mujeres aparecen como esposas, madres, hijas o hermanas al lado del héroe masculino. No me interesan.

P.: ¿Cómo es su personaje?

J.F.: Se trata de una mujer que ha perdido la confianza en sí misma. Ha sido engañada y se divorcia de manera fulgurante. No cree en sí misma, ha perdido el sentido de su instinto y duda de todo. Es un drama sobre la supervivencia y la protección de una hija, y en ese duro proceso descubre que si sigue sus instintos puede alterar la trampa que le ha tendido el destino. Me sirvió, en cierta forma, de autoterapia.

P.: ¿En qué sentido?

J.F.: Me hice muchas preguntas. ¿Podría sobrevivir a una situación semejante y salir intacta? ¿Moriría o lograría sobrevivir? ¿Tengo que escuchar los consejos de los demás o seguir mi conciencia? ¿Lograría superar la paralización que produce el miedo?

P.: Después de una carrera de 36 años, que inició cuando tenía 3, muchas veces habrán querido decidir por usted.


J.F.:
Sí. Una de las mejores cosas que he aprendido es a fiarme de mis corazonadas y a adquirir confianza en mis elecciones. Irónicamente, las mejores cosas que me han pasado en mi carrera han sido por películas que muchos me aconsejaron no hacer. Siempre viví bajo ese tipo de presiones. Pero decidí elegir yo y asumir las victorias y los fracasos con sus consecuencias.

P.: No actuaba desde «Ana y el rey», de 1999. Filma muy poco.


J.F.:
He elegido tener más tiempo para disfrutar de mi familia. Es lo más importante para mí. Si quisiera encadenar un rodaje con otro, lo podría hacer fácilmente, porque las ofertas se me acumulan. Pero, si lo hiciera, comenzaría a repetirme y detesto convertirme en una actriz mecánica.

P.: «La habitación del pánico» a la que alude el título de la película es un refugio seguro, aunque se descubre que no del todo. Me preguntaba si podría ser una metáfora de esos Estados Unidos que han permanecido aislados, ignorando graves hechos de la política exterior hasta el pasado 11 de septiembre.


J.F.:
Ese tipo de preguntas sociopolíticas me las hacen siempre los periodistas alemanes. Es una tesis interesante. No sé si estuvo en las cabezas de los autores del guión. Es cierto que en Estados Unidos creemos estar a salvo si cerramos la puerta e ignoramos la violencia exterior, que no por eso deja de existir. Lo ocurrido en septiembre ha cambiado las mentalidades. Hay gente que ha decidido casarse rápido, fundar familias y pasar más tiempo con ellas. Se ha perdido la idea de seguridad que existía antes. Ahora la idea es prevenir el peligro antes de que ocurra otra catástrofe.

P.: ¿Construiría en su casa una habitación acorazada como en la película?


J.F.:
No. Como casi todo el mundo, tengo un sistema de alarma en casa. Pero también se sabe que la policía no puede acudir antes de 30 minutos. Y es un tiempo lo suficientemente largo como para morir.

P.: Tuvo que posponer el rodaje de su tercera película como directora, «Flora Plum»,
por un accidente de su protagonista, Russell Crowe. ¿Lo ha abandonado?


J.F.:
No, en absoluto, sigue adelante y ya estoy con él. Es la historia real de unos artistas de circo durante los años 30. Una producción compleja, la más ambiciosa de las que he dirigido.

P.: ¿Sigue contando con Russell Crowe para ella?

J.F.:
Yo con él, y él conmigo.

P.: Pero su salario ha cambiado tras el Oscar y el estrellato.


J.F.:
Es amigo..., me hará una rebaja.

P.: ¿Insiste con la idea de hacer una película sobre la cineasta alemana del nazismo Leni Riefenstahl?


J.F.:
Sí. Estoy en la fase de desarrollo del guión. Su película «La fuerza de la voluntad» y sus documentales contribuyeron al auge y propaganda nazi. Será un gran cuento moral acerca de la responsabilidad de los artistas.

P.: En noviembre ingresará en el club de las cuarentonas. ¿Significa algo para usted?


J.F.:
Hhhmmm..., es cierto. No, no especialmente. Es más, en algunos casos supondrá un alivio. Le diría que estoy casi impaciente. Es un momento de la vida en que se ha experimentado lo suficiente para ser capaz de aceptar las propias limitaciones. Ya una sabe que no va a ganar ningún concurso de belleza, que no va a ser presidente de Estados Unidos, que no necesariamente en las películas se quedará con el galán. Las opciones comienzan a restringirse y eso me ayudará a relajarme.

Dejá tu comentario

Te puede interesar