"Frondizi buscó insertar a la Argentina en el mundo"

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El diplomático, escritor y periodista Albino Gómez estuvo adscrito a la presidencia en el gobierno de Arturo Frondizi, de esa labor guarda documentos, notas, memos y un diario íntimo. Cuarenta años después recuperó esos papeles para escribir «Arturo Fondizi. El último estadista», donde ofrece datos para acceder de un modo distinto al complejo proceso que se vivió en esos años.

Periodista:
¿Cómo define su obra sobre Frondizi, dado que suma a su diario personal, memorias, documentos y, hasta, reportajes periodísticos?

Albino Gómez: Es un libro miscelanio, de estilo periodístico, el testimonio de la vivencia personal de un funcionario allegado a la política a través de su cargo diplomático.


P.:
En la primera parte del gobierno de Frondizi usted estaba en la Cancillería, en la segunda estuvo «mas cerca».

A.G.: En la primera etapa formé parte del equipo de Frigerio en la Cancillería, estuve brevemente en Naciones Unidas y el Uruguay. En la segunda, fui adscrito a la presidencia y trabajé directamente con Frondizi en Olivos y en la Casa de Gobierno. Servía de enlace entre el presidente y la Cancillería porque los temas de política exterior y de comercio exterior eran fundamentales para él. Le importaba la Argentina insertada en el mundo. Era el mundo en transición de Jruchov, Juan XXIII y Kennedy, un momento histórico mundial notable. Para Frondizi la política exterior, sus viajes, la agenda, los discursos, era tan importante como la política interna.


P.:
¿Qué lo impulsó a escribir éste libro?

A.G.: Me decidió a publicarlo releer los reportajes que hice en 1980 y 1982 a Frondizi y a Frigerio, que tienen una asombrosa actualidad, podían haber sido hechos las semana pasada. Me hicieron pensar que estábamos en una parálisis tan grande que hacía que mantuvieran vigencia. Para escribir tomé como base el diario personal que llevaba en esa época, y me dediqué a revisar papeles, apuntes y memos de aquel tiempo, notas de Frondizi, manuscritos, correcciones a sus discursos.


P.:
¿De qué tratan los reportajes, que incluye en su libro, a Frigerio y a Frondizi?

A.G.: El a Frigerio es sobre la situación económica del país, la deuda externa, el tema de las ideologías, el proyecto de desarrollo que quedó incompleto. Frigerio, que siempre fue acusado de marxista, habla del infantilismo izquierdista respecto a temas como la deuda externa o las inversiones de capitales. El de Frondizi tiene que ver con la política que siguió con Cuba: no aislarla contra la opinión de Estados Unidos. El aislamiento castiga, como han planteado muchos, al pueblo cubano, y beneficia a Castro.


P.:
¿Por que «Fondizi, el último estadista»?

A.G.: Bueno, hasta hoy; me gustaría que fuera el penúltimo.Yo no conocí otro estadista, fuera de los hombres del '80: Roca, Mitre, Pellegrini, Avellaneda, Sarmiento, que eran hombres de Estado, y podían haberlo sido en cualquier país desarrollado del mundo. Después de ellos, Arturo Frondizi reunía todas esas calidades, que lamentablemente no fueron comprendidas por algunos de sus contemporáneos, por los partidos políticos y por las Fuerzas Armadas.


P.:
Usted destaca en su libro la importancia para Frondizi de Uruguayana, de la relación con Brasil.

A.G.: Es que Uruguayana fue un antecedente clave del Mercosur. Fue la primera vez que se trabajó con documentación argentina. Janio Quadros le tenía a Fondizi una adhesión tan grande que ocurrieron hechos sorprendentes como que Florit, un canciller argentino, la escribiera al presidente de Brasil el discurso con el que inauguró la Casa Argentina en Río de Janeiro. Esas cosas escandalizaron a los militares brasileños. Frondizi fue el gran moderador de Quadros, que era profundamente tercermundista. En ese mismo momento, Mariano Grondona decía que estabamos a la zaga de Itamaratí, y era exactamente lo contrario. Había una primacía de la Argentina sobre Brasil.


P.:
¿Cómo vio al último Frondizi?

A.G.: Viví en el exterior mucho tiempo, eso hizo que no tuviera trato directo con Frondizi, pero cada tanto iba a charlar con él. Siempre fue absolutamente lúcido en el análisis político. Fue privilegiando, cada vez más, su aspecto economicista, destacando la necesidad de cumplir con un proyecto de desarrollo económico nacional. Consideraba que los temas políticos no podían funcionar si no caminaba el país desde el punto de vista económico. No creía que la vía electoral solucionara de por sí misma los temas. Veía que si no se continuaba el proceso de desarrollo, de industrialización y de inversiones, de conciliación nacional, el país iba a la deriva, no tenía solución ni política ni social ni cultural. No era optimistaen tanto no se trabajaracon ahinco en las bases actualizadas por él establecidas.


P.:
¿Cómo ve, desde hoy, el final del gobierno de Frondizi?

A.G.: Fue un ataque grotesco. Se supuso que nos encontrábamos ante dos agentes rojos. Los trataron como si fueran marxistas. Frigerio venía de la izquierda, pero Frondizi no, en todo caso podía estar vinculado con el laborismo inglés, con un intelectual como Harold Laski. Eran dos hombres pragmáticos que creían que no había proyecto viable de desarrollo nacional sin la participación de dos instituciones ligadas al país históricamente, la Iglesia y Ejército. La falta de comprensión de las Fuerzas Armadasy la Iglesia fue uno de los grandes equívocos. No me extraña que Frondizi y Frigerio siguieran cerca de la Fuerzas Armadas. Era coherente con lo que pensaban y creían. La locura fue, esa cosa tan argentina, de pensar que si se fue una vez de una idea no se puede evolucionar, no se puede cambiar.


P.:
¿Fue, como se ha dicho, la última oportunidad?

A.G.: Fue una gran oportunidad por el contexto mundial. No teníamos prácticamente deuda externa. Se comenzaba a romper el cerco comunista con Jruchov y sus denuncias al stalinismo. Era un mundo en transición que ofrecía grandes oportunidades.


Entrevista de Máximo Soto

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