17 de febrero 2004 - 00:00

Gae Aulenti y el arte de renovar edificios

Aunque alcanzó su fama internacional hace 25 años, cuando ganó el certamen para el reacondicionamiento de la Estación de tren del Quai de Orsay de París con destino a museo (1979), la trayectoria profesional de Gae Aulenti (1927) se inicia a mediados de los años '50. Ha desarrollado una actividad múltiple: crítica y teoría de la arquitectura (entre otras publicaciones, en las revistas italianas «Casabella» y «Lotus», a cuyo consejo directivo pertenece desde 1974); escenografías para teatro; diseño industrial (desde la década del '60 ha diseñado para las firmas de muebles más conocidas); y fue docente universitaria en Milán y Venecia.

También ha diseñado exposiciones de arte. Entre las últimas, se destaca su presentación de «Made in Italy, 1951-2001/ Memoria», realizada para la Trienal de Milán en abril de 2001. Graduada en la Facultad de Arquitectura del Politécnico de Milán (1954), se ha destacado en la tarea de renovar edificios. Una especialidad para la cual ha sido convocada desde Venecia, Roma, Módena y Nápoles, en su país, y además desde Barcelona, San Marino y Estambul.

Pero revivir edificios no es sólo volverlos a la vida sino otorgarles otra vida, que siempre es distinta de aquella para la cual fueron realizados. «El arquitecto no debe contradecir lo existente ni intentar imitarlo», sostiene Aulenti. «Si es autónomo y moderno, descubrirá por sí solo las reglas del entorno. Nunca he buscado imponer elementos estilísticos de choque sino apenas contrastar lo viejo y lo nuevo».

•En etapas

A obras recientes, como Mount Zion, un hotel en Jerusalem, o el Museo de Arte de Asia, en San Francisco; se suma el Museo Nacional de Arte de Cataluña, un proyecto iniciado en 1987, que ha ido desarrollando en varias etapas.

Aulenti
señala la necesidad de reconocer los signos urbanos conceptuales y, sobre todo, los físicos, «como la esencia capital de la arquitectura». De este modo, se revelará «el sentido estructural del lugar, y no su mera apariencia». Estamos, pues, ante una arquitectura de arquitecturas, que restaura y, a la vez, instaura, que retiene y además libera. Aulenti ha llevado a sus extremos de optimización este tipo de intervenciones.

La Estación del Quai de Orsay (1898-1900), erigida a orillas del Sena, entre los puentes Royal y Solferino, fue desactivada en la década del '30. El descuido y el abandono pronto se ensañaron con el noble y ampuloso edificio de cúpulas y mansardas, cuya zona posterior es una larga nave con una bóveda de hierro, cristal y mampostería, que amparaba tres andenes y seis líneas ferroviarias. En el interior de la ruinosa estación, Orson Welles rodó la mayor parte de su versión de «El proceso», de Franz Kafka, en 1962. El presidente Valéry Giscard d'Estaing salvó el edificio de la demolición, disponiendo su reacondicionamiento para que albergase las colecciones nacionales de arte del siglo XIX. Nace de esta manera el Museo de Orsay (20.000 m2 de espacio expositivo), realizado entre 1980 y 1986.

Otra obra singular es el diseño interior del Museo Nacional de Arte Moderno de París, alojado en el Centro Pompidou (edificio de
Richard Rogers y Renzo Piano abierto en 1977): se trataba de establecer un museo ya existente, en las instalaciones erigidas para albergarlo, en el famoso edificio reciclado hace seis años por Piano. La concepción de las plantas libres, sin muros y con pocas vigas, respondió «más a una ideología que a una situación arquitectónica», sostuvo Aulenti al referirse al partido adoptado por Rogers y Piano. Era preciso, entonces, «transformar esa ideología en una respuesta práctica». El Museo Nacional de Arte Moderno cobró vida en 1985, gracias a los espacios forjados por el diseño de Gae Aulenti, cuyo símbolo máximo es, quizá, el sector del arte cubista.

El Palacio Grassi, de Venecia (construido en el siglo XVIII según planos de
Giorgio Massari), no es un museo sino un lugar donde se llevan a cabo actividades y muestras de arte, historia y cultura del más diverso carácter. El autor de esta nota organizó en el Palacio Grassi, en 1979, los eventos que integraron «El arte de la performance», una exposición internacional, antes de su renovación y reciclaje.

Aulenti
realizó el Pabellón de Italia para la Expo'92 de Sevilla, un espléndido edificio contenido en el interior de otro, diseño adoptado para evocar las ciudades amuralladas de la antigua Italia y ciertas tradiciones de la arquitectura árabe de Andalucía, directamente aludida por la torre que se eleva en el centro.

«Quiero entender todos los problemas, los diferentes problemas que cada proyecto encierra», ha dicho
Aulenti, en su visita a una Bienal de Arquitectura en Buenos Aires. «Es que cada uno tiene su propio contexto, ocupa una nueva posición y demanda un nuevo programa y un nuevo enfoque. Supongo que tal vez haya signos reconocibles en mi obra, pero no quiero tener una filosofía de diseño ni un 'modelo Gae Aulenti' para todo cuanto hago». Sin embargo, aunque no haya «un modelo Gae Aulenti», las realizaciones de esta arquitecta son un modelo en el reciente género del interiorismo en la arquitectura.

Dejá tu comentario

Te puede interesar