«Las extras... o ellas». Libro y dir.: P. Cibrián Campoy. Int.: M.R. Gallo y A.M. Campoy. Mús.: A. Mahler. (Teatro Del Globo).
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E s la primera vez que comparten un escenario y la idea de reunirlas tiene mucho que ver con un homenaje a sus trayectorias. Pero la actitud cómplice y distendida con que María Rosa Gallo y Ana María Campoy juegan a ser ellas mismas frente al público, deja de lado cualquier rasgo de solemnidad o melancolía.
A lo largo de una hora, ambas se declararán amor y admiración mutua además de pasar revista a su oficio y a algunas complicaciones que éste trae aparejadas (celos, rivalidades, peleas de cartel, etcétera). Por momentos, son dos extras, o mejor dicho, dos sosías de «la Gallo» y «la Campoy» esperando turno para un casting, mientras que en otros se dedican a parodiarse a sí mismas. María Rosa Gallo encarna a la actriz culta y frecuentadora de los clásicos griegos que se burla con fina ironía de las payasadas y la verborragia de su compañera. Por su parte, Ana María Campoy es la representante de una familia de cómicos de la legua, que se lanza al humor con un atrevimiento y un desparpajo sorprendentes, haciendo ver a su compañera que por mucho «Arquímedes o Eurípides» que haya hecho en su vida, también trabajó en «Perla negra».
Las intervenciones de Campoy arrancan carcajadas de la platea, al igual que las mordaces discusiones que mantiene con su partenaire sobre quién es la más talentosa, la que luce más joven o la más sobreactuada: «¿Yo sobreactuada?» -se defiende la Gallo-«¡Si interpreté a la Duse con un susurro!.» Y la Campoy le contesta: «Estarías afónica».
Ese tipo de comentarios son los que dan sazón a la obra y permiten disimular algunas debilidades de guión. De todas maneras, el espectáculo se disfruta sostenido por la frescura y el talento de estas dos grandes actrices que, a escenario vacío, (salvo dos sillas y un par de mesitas para apoyar las jarras de agua) celebran la magia del teatro con alegría y sin temor a burlarse de sus oficiantes.
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