4 de julio 2002 - 00:00
Gogó Andreu lleva el varieté a un templo "independiente"
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Gogó Andreu
Periodista: ¿Cómo surgió esta propuesta?
Gogó Andreu: Seguramente se le ocurrió a Cossa por los años de trabajo que tengo y las giras que he hecho. Cuando me lo propuso acepté enseguida. Que un monstruo como éste escriba algo para mí, a esta altura del partido, me supo a milagro. Mi personaje está de gira por el mundo con un varieté, pero siempre está deseando volver a Buenos Aires. A mi lado tengo una novia que supuestamente murió en el Titanic. Yo me salvé, pero ella está siempre conmigo.
P.: ¿Contribuyó con alguna anécdota personal?
G.A.: No. Son todas anécdotas que inventó Cossa, de su propia imaginación. Por ejemplo, se le ocurrió que ella me ama profundamente, pero cuando le gusta un tipo se acuesta con él. En cambio yo estoy casado hace 59 años con Rosa Gamas, hermana de María Ester y tía de María Rosa Fugazot, y tengo dos hijos. Mi familia siempre me acompañó a todos lados. Yo estuve 7 años fuera del país, trabajando con éxito, pero siempre deseando volver. Y ahora que lo pienso, a lo mejor Cossa lo sabe y por eso lo puso en la obra, porque Pepino siempre está deseando regresar a Buenos Aires, lo mismo que me pasaba a mí.
P.: No es la primera vez que lo convocan desde el teatro independiente, Helena Tritek ya lo dirigió en «Nenucha, la envenenadora de Montserrat».
G.A.: Ah! ¿Esa obra era también teatro independiente? Como para mí todo es lo mismo... la cuestión es salir al escenario.
P.: ¿Cambió mucho la manera de hacer humor?
G.A.: Sí. En los primeros tiempos de la revista trabajábamos con el doble sentido y la segunda intención. El cambio se produjo a partir de Marrone, que empezó a meter palabrotas con un éxito impresionante. Cuando Adolfo Stray se enteró -yo trabajaba con él en El Nacional-decidió hacer lo mismo. En el remate del primer sketch empezó a hablarle a una palomita que le termina cagando en un ojo: «Palomita blanca, palomita... y ¡la reputa madre que te parió!» y ahí el mutis. Con esta puteada llenó el teatro durante casi un año. Fue algo delirante. De ahí en más todo cambió y los cómicos se dedicaron a utilizar groserías directas, pero sólo para un remate o para lograr un bombazo. No las usaban todo el tiempo y por que sí como sucede ahora. La gente todavía me para en la calle porque se acuerda de lo que yo hacía en teatro, esa cosa tan insinuante y picaresca que nunca caía en la grosería. Todos despotrican contra la televisión: «¡Cómo pueden hacer esos programas con todas esas groserías!», pero después son los que más rating tienen. Yo nunca tuve necesidad de decirle groserías a una vedette, fíjese en Verdaguer, nunca dijo una mala palabra, o en Landriscina, nunca una grosería pero hace morir de risa.
P.: Pero en televisión usted dejó el humor por las tiras.
G.A.: Fue muy lindo trabajar en «Ilusiones» o con Cheyenne en «Provócame», pero hace tres meses me encontré con Adrián Suar y me dijo: «Mirá Goguito, ahora tengo que empezar a hacer economía». Pensar que antes de esta crisis contrataba a todo el mundo, llamaba a un montón de gente para cualquier cosa que se le ocurría sin reparar en gastos, pero ahora no le queda otra. Y le cuento una cosa: la vez que me contrató yo le pedí una plata y él me dio una suma mayor.
P.: Volviendo a la obra, «Historia de varieté» incluye cuatro temas suyos.
G.A.: Sí, toda la música de la obra es mía. Muchos no lo saben pero yo soy compositor. ¡No sabe el éxito que tuve en México! Me llegaron a considerar uno de los compositores del momento. Pero nunca me animé a hacer mi música sobre el escenario. Recién ahora me di cuenta de lo que me perdí. A mí me grabaron todos: «El Puma» Rodríguez, Daniel Riolobos, Roberto Goyeneche, Horacio Fontova... Pero yo sólo me animé a hacer humor y así fue: al compositor se lo comió el actor.



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