«Gore». Libro y dir.: J. Daulte. Int.: S. Cagnoni, J. Calviño, D. Canduci, E. Giménez, E. Misch, M. Pozzi, L. Oviedo, B. Parrilla, N. Salmoral. Ilum.: C. Fernández y J. Daulte. (Teatro del Pueblo.)
La reposición de «Gore» viene precedida de un fulgurante éxito en el Festival de Sitges de 2002, así como en varias funciones ofrecidas en Barcelona y Madrid durante el mes de junio pasado. Tanto el público como los críticos españoles fueron deslumbrados por este espectáculo de corte rupturista que rezuma energía y espíritu lúdico. Por ese motivo, la obra fue invitada este año para realizar una nueva temporada en Madrid.
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Cualquiera que esté al tanto de los códigos del teatro español -que salvo honrosas excepciones, sigue aferrado a las viejas fórmulas pautadas por la tradición, sin generar nuevas poéticas-entenderá por qué un trabajo como «Gore» logró semejante impacto. Pero también hay que reconocer que en su regreso al circuito porteño -constante generador de propuestas renovadoras y estimulantes para el espectador-la pieza sigue despertando un apreciable interés, debido a su original articulación de géneros y a sus magníficas actuaciones.
Al mejor estilo del cine clase B, «Gore» enfrenta a un grupo de terrícolas con una pareja de extraterrestres, de aspecto común y corriente, que llegan a nuestro planeta con la intención de extraer de los humanos un líquido supuestamente esencial para salvar su especie. La anécdota bordea lo inverosímil, pero puesta en acción derrocha situaciones y recursos tan sorpresivos como delirantes. Entre ellos, la canción de Ornella Vanoni que produce efectos hipnóticos, la inesperada mutación de uno de los personajes o el uso de lenguas desconocidas sin que los actores dejen de hablar en castellano. Tampoco faltan las escenas de sangre, violencia o de permanente peligro, propias del cine de acción.
Este tensionante juego, en el que nunca queda claro quiénes son las víctimas y quiénes los victimarios, podría resultar un simple divertimento si no fuera por la emergencia del tema del desamor, que brinda a la obra un cariz más profundo y dramático del que permite entrever al comienzo. El desamor es la causa principal de todos los males y desdichas que aquejan al universo. De esta manera, la evolucionada raza extraterrestre termina reflejando las mismas carencias que la humanidad, representada por seres embrutecidos y violentos, que además están dispuestos a exterminar todo aquello que les resulte diferente o extraño.
La ajustada dirección de Javier Daulte enriqueció el valor dramático del texto y logró que sus actores brinden una actuación vigorosa y de gran compromiso físico y emocional, que el público joven disfrutará especialmente.
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