Es tanto el entusiasmo y la unción con que los integrantes del coro de la Covent Avenue Baptist Church presentan su trabajo, que el público no termina de tomar conciencia de dos aspectos. El primero es que estos cantantes actúan como aficionados -aunque lo hacen con seriedad y formación profesional-, es decir que no hacen de ésta su principal fuente de ingresos. Pero además, y quizá sea ése el aspecto más importante, esta gente no canta motivada principalmente por un impulso estético y todo su arte sólo tiene sentido como una manera más de homenajear a un Dios en el que creen con devoción.
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Y así puede explicarse -también como hecho artístico-que las canciones hablen exclusivamente de eso, que repitan -a veces hasta el hartazgo- las frases de alabanza y que no todos los temas tengan el mismo nivel de calidad compositiva. En este caso recorrieron, como era esperable, un repertorio de negro spirituals y gospels. Pero se mostraron mucho más cerca del pop, la balada norteamericana, el jazz, el rhythm 'n' blues y aun la música centroamericana y el rap. El nivel vocal es indudablemente alto, a pesar de que se trata de artistas amateurs, y prácticamente todos los integrantes del grupo tienen espacio para su lucimiento solista.
Aunque cuesta encontrar voces sobresalientes en medio de tanta calidad, merece destacarse el desempeño de las sopranos LaTisha Carter y Yolanda Hutchins, el tenor Christopher Stewart, el barítono Gregory Hutchins y, fundamentalmente, el director y pianista del coro -uno de los muy pocos profesionales de la formación-, el tenor Gregory Hopkins. En cuanto al repertorio, los puntos más altos se dieron con «The majesty of God», de Duke Ellington; «Done made my vow to the Lord», de John Work; «Would you be ready», de Uzee Brown Jr., y sobre todo con la «Misa Gospel», de Robert Ray.
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