13 de septiembre 2005 - 00:00

"Gracias al Buena Vista, el jazz latino hoy es popular"

ChuchoValdés: «Tocarsolo me liberay puedo hacerlo que se meocurra. Nuncapienso conantelación loque voy a tocaren unconcierto».
Chucho Valdés: «Tocar solo me libera y puedo hacer lo que se me ocurra. Nunca pienso con antelación lo que voy a tocar en un concierto».
Activo y multifacético, el cubano Chucho Valdés reparte su tiempo entre varios proyectos distintos. Ahora está una vez más en Buenos Aires (actuará en el hotel Faena y en el Opera) al frente de su cuarteto. Pero, además, sigue adelante con su proyecto de Irakere, el grupo que fundó hace ya muchos años y que se ha convertido en un referente fundamental para el llamado jazz latino, con sus álbumes de piano solo -tanto en el terreno popular como en el clásico- y con su dúo con Michael Legrand.

Hace unos meses estuvo también en nuestra ciudad para acompañar a Diego «El Cigala» en las canciones del álbum «Lágrimas negras» que grabó su padre Bebo junto al cantaor flamenco. «Hago todo el tiempo cosas distintas porque si no me aburro», dice el pianista en el bar del hotel que lo aloja en la Argentina. «Por eso voy pasando entre el cuarteto, Irakere, el dúo con Legrand y el piano solista».

Periodista
: Ahora mismo va a hacer dos cosas distintas.

Chucho Valdés: Sí. Con el cuarteto vamos a repasar mi trabajo para Blue Note. Es una mirada retrospectiva sobre el desarrollo de esta formación. Haremos una selección de temas más importantes de la discografía, a partir de este «new concept» que estamos planteando. El piano solo que también haré es otro mundo totalmente distinto. Tocar solo me libera y puedo hacer lo que se me ocurra, y ni siquiera pienso con antelación lo que voy a tocar.

P.:
Usted habla de un nuevo concepto; inclusive bautizó así a uno de los álbumes del cuarteto. ¿A qué se refiere con esa idea?

C.V.: Es un cambio en la estructura rítmica, en el tipo de improvisación y en el uso rítmico de la mano izquierda. Muchas cosas han pasado desde se creó la etiqueta de «jazz latino», al que nosotros preferimos llamar «jazz afrocubano». El origen está en una mixtura de elementos, de la armonía y la melodía del jazz con los ritmos propios de nuestra música. Justamente en el ritmo está nuestra identidad. Con el tiempo, ese lenguaje que al principio podía resultar un poco hermético, se fue haciendo más popular, y sin dudas, el Buena Vista Social Club, aunque era otro tipo de música, y la película «Calle 54» de Fernando Trueba, han ayudado a la difusión del «latin jazz». Todo esto me ha ido llevando a buscar una mayor «cubanización» de mi música; como le decía, con un mayor acento en el aspecto rítmico.


P.:
Como otros compatriotas suyos, por caso Paquito D'Rivera, usted también se acerca con frecuencia a la música clásica. ¿Qué diferencias siente al pasar de lo popular a lo clásico?

C.V.: Yo tengo una formación de conservatorio y a la vez siempre he tenido un contacto muy fuerte con la música que se hace en la calle. Ya Ernesto Lecuona integró ambas músicas en un solo mundo. Para mí, la música no es clásica ni popular; es simplemente buena o mala. Por ejemplo, hay melodías de Beethoven que son muy populares y muchos ni siquiera saben que son suyas. A la vez, clásicos pueden ser Gardel o Piazzolla, siendo a la vez populares.


P.:
En algunos períodos de la Revolución Cubana, el jazz no era bien visto por el régimen. ¿Cuál es la situación actual?

C.V.: Eso sucedió a mediados de los años '60, en los que el jazz estaba prácticamente prohibido. Pero después se corrigió el error. En 1967, formamos la Orquesta Cubana de Música Popular, en los que el jazz ya tenía su presencia. En 1964, formé «Chucho y su Combo», que fue de algún modo la base de Irakere tiempo después. De modo que eso fue un período breve y determinado que afortunadamente ya hemos superado.


P.:
¿Cómo resultó la experiencia de reemplazar a su padre acompañando a El Cigala?

C.V.: Yo tuve la ventaja de ser siempre suplente de mi padre en Cuba. Fui su único alumno y muchas veces lo reemplacé. Y una vez más, fue un honor tremendo poder hacerlo.Yo conozco muy bien su estilo y por eso pude hacer «Lágrimas negras» sin problemas. De todos modos, lo que hice tenía elementos de Bebo pero también había cosas de mi propia personalidad como pianista. Fue muy lindo además acompañar a El Cigala y poder mezclar el flamenco con la música tradicional cubana.


P.:
¿Cómo sigue su actividad después de los conciertos de Buenos Aires?

C.V.: Me esperan unos meses muy movidos. En octubre haremos un concierto a dos pianos con mi padre en España. Después estaré en el festival de jazz de Santo Domingo, en Londres con el cuarteto y en el festival de jazz de Madrid. En noviembre tengo que hacer unos conciertos con Michael Legrand, con el que seguramente grabaremos un disco muy pronto. En diciembre tocaré en el festival de jazz latino de La Habana y otra vez en Madrid.Y en enero me meteré a grabar mi nuevo disco. Es un proyecto distinto para el que ya vengo trabajando. Se llamará «Chucho sinfónico». Serán tres obras: el preludio « Mercurio», «Chaca zulú» y « Canción a Dios», para piano solista, Irakere y orquesta sinfónica.


Entrevista de Ricardo Salton

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