4 de noviembre 2004 - 00:00

Grotesco criollo más raro que bueno

Con situaciones habituales en el teatro under, «El delantal de Lili» recuerda a veces el espíritu de los esquicios italianos de los ’70, pero éstos eran más graciosos.
Con situaciones habituales en el teatro under, «El delantal de Lili» recuerda a veces el espíritu de los esquicios italianos de los ’70, pero éstos eran más graciosos.
«El delantal de Lili» (Argentina, 2004, habl. en español). Dir.: M. Galperín. Guión: M. Galperín, G. Mizrani. Int.: L. Ziembrowsky, P. Ituriza, C. Banegas, S. Borensztein, M. Sancineto.

Con un tipo de situaciones que podrían considerarse habituales en el teatro under, pero bastante inhabituales en nuestra pantalla, Mariano Galperín propone una suerte de comedia grotesca sobre los extremos del amor y la necesidad. Lo hace a través de un gordito que no sólo ama hasta el sacrificio a una flaca rayada, absorbente y celosa, sino que encima, para salvar la hipoteca de la casa, toma un trabajo destinado a su mujer y se convierte en una mucama tipo Mrs. Doubfire (por lo eficiente), pero todo mal (por lo amargo).

Para alegrar las cosas, el tipo se emborracha en horas de trabajo, la mujer secuestra a la hija de su patrona, creyéndola amante del marido travestido, y la policía lo detiene, pero no por el secuestro, sino por andar con un auténtico travesti que conoció en la plaza mientras paseaba el perro. Por suerte todo termina bien, salvo para la patrona, que nunca se fija en lo demasiado fea que es su mucama, pero en cambio se fija muy bien en lo lindo que es su vecino el profesor de tango. Corrección: todo termina bien, entonces, salvo para el marido de la patrona, pero como él está en otra ...

Ciertas partes hacen suponer un coqueteo del grotesco con el vodevil, sin que éste se dé por enterado. Otras, permiten recordar el espíritu de ciertos esquicios italianos de los '70, que, la verdad sea dicha, eran más graciosos. En todo caso, como grotesca cumple debidamente. Pero a nivel comedia, parece que alguien se confió demasiado en la inspiración de los actores a la hora de improvisar algunos diálogos y situaciones, y luego también confió demasiado en las bondades del montaje para solucionar falencias de rodaje, dándoles un hilván que suena un poco raro, por decirlo amablemente. Y así toda la película termina pareciendo más rara que buena. Bueno, tal vez ésa era la intención de los autores.

Respetable, Luis Ziembrowsky en su primer protagónico. Dignas de una buena sonrisa, Cristina Banegas (el enganche de su personaje con el vecino es una película aparte), Mosquito Sancineto, y la debutante Paula Ituriza.

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