26 de enero 2001 - 00:00

Gusta la fusión musical de Isella Jr.

Tras su paso por la escuela de música de Berklee, y sin proponérselo directamente, el trabajo de Fernando Isella -hijo del folklorista César Isella-se enlaza, con las particularidades de cada caso, en una corriente de música instrumental con raíces sudamericanas que han orientado artistas como Manolo Juárez, Eduardo Lagos, el Chango Farías Gómez o Lito Vitale.

Aunque también se pueden ver las influencias más esenciales de grandes creadores como el Cuchi Leguizamón y del jazz que aprendió en los Estados Unidos. Pero además, se unió para este proyecto a una formación multinacional que organizó con compa-ñeros de estudios en Boston.

En el grupo, hay dos tucumanos: el guitarrista Julio Santillán, autor también de alguno de los temas, y el baterista y percusionista Franco Pinna; el excelente bajista italiano Daniele Camarda, y el saxofonista catalán Llibert Fortuny. De toda esa mezcla resulta una suma interesante, donde están los ritmos y las melodías clásicos de zambas y chacareras (incluso, con algunos títulos conocidos como «La arenosa», «Si llega a ser tucumana» o «La juguetona»), y sus propias composiciones, que dejan ver muy claramente su lugar de origen.

Isella trabaja a partir de esos ritmos y esas melodías y, sobre ellas, se juegan las improvisaciones solistas, las variaciones melódicas y armónicas, los cambios de «tempo». Está por momentos más cerca del bebop, o del blues, o de las más clásicas fusiones folklóricas. Deja traslucir las capacidades técnicas de sus compañeros y él mismo se luce como pianista.

Pero siempre todo está puesto al servicio del proyecto grupal. Además entrega aire fresco a una música que, a pesar de la popularidad creciente de los últimos tiempos -paradójicamente, Isella fue pianista y productor de Soledad-, no está atravesando por uno de sus mejores momentos creativos.

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