1 de abril 2003 - 00:00
Gustó Cerati hasta a nostálgicos de Soda
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La pregunta sobre si el Gustavo Cerati de hoy reuniría semejante multitud en el estadio Luna Park de no haber sido antes integrante fundamental de Soda Stereo, no es fácil de responder. Pero, a contar por la diferencia de actitud de la gente cuando aparecieron en el show algunas canciones del trío como «El rito», «Secuencia inicial», «Danza rota», «Sobredosis de TV», podría intuirse que aquel pasado masivo ha dejado su huella. Cerati es un artista inquieto; rompió con la comodidad de la canción pop, experimentó con Daniel Melero, jugó con la electrónica, armó y desarmó su «Plan V», rescató sus viejas canciones con formato sinfónico, y ahora volvió como solista con «Siempre es hoy». Y, puesto a presentarlo en vivo se mostró a riesgo, incluso, de dejar insatisfechos a muchos fans que siguen reclamándole la vuelta de Soda. En el nuevo disco, como ocurrió en el concierto, Cerati mezcla los sonidos acústicos con los electrónicos, los riffs rockeros con los golpes de un DJ, la canción con el «dance», su excelente voz con el volumen ensordecedor que no deja entender claramente lo que canta, los solos de guitarra a la usanza de los '70 con los sonidos «sampleados». Así, brindó un show compacto y coherente, desde la escenografía -una suerte de enorme chip blanco sobre el que se proyectaron luces psicodélicas-hasta su actitud sobre el escenario; pasando, claro, por lo que sonó. Hizo casi todo el material del último álbum, sumó sólo un par de títulos de su anterior «Bocanada» («Engaño» y «Puente»), volvió sobre las mencionadas canciones de Soda Stereo, rescató unas pocas piezas de su disco «Amor amarillo» (entre ellas «Te llevo para que me lleves») y de «Colores santos», el álbum que hizo con Melero. Tuvo, además, como en «Siempre es hoy», invitados diferentes a este mundo electrónico que parece abarcarlo: Domingo Cura tocó bombos santiagueños en «Sulky», su mujer Débora del Corral hizo coros en «Casa» y Charly García tocó teclados en «Sudestada».




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