25 de julio 2001 - 00:00

Gustó Sinfónica de Pittsburgh

Se cumplió una nueva jornada de la temporada de la Asociación Wagneriana en el Teatro Colón con la presentación de la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh dirigida por el maestro letón Mariss Jansons. El programa, constituido por dos grandes sinfonías (la 35 de Mozart, «Haffner», y la Quinta de Tchaikovsky) y una suite de la ópera de Richard Strauss, «El caballero de la rosa», fue sin lugar a dudas, uno de los más importantes conciertos en lo que va de esta temporada musical.

La Orquesta Sinfónica de Pittsburgh aparece como uno de los organismos sinfónicos más perfectos del mundo y por lo oído en esta ocasión, está a un mismo nivel que otros de los Estados Unidos, como nuestra reciente visitante Orquesta de Nueva York. En sus 105 años de historia estuvieron ligados a ella nombres tan ilustres como los de Otto Klemperer, Fritz Reiner y quien fuera su primer director, Víctor Herbert. Estos maestros junto con los de los años más recientes conformaron un organismo de gran nobleza y de impecable rango técnico.

Todos sus integrantes se manifiestan con excelente performance, quizás el único requisito exigido para pertenecer a su staff, ya que por otra parte, la Sinfónica de Pittsburg mantiene «una política antidiscriminatoria en lo que se refiere a la edad, sexo, preferencia sexual, raza, religión, tendencia política y origen», según preconizan sus postulados.

Esta apertura y libertad en lo humano se traduce de manera contundente en lo musical, aun con el rigor y la excelencia de cada una de las secciones. Mariss Jansons explotó al máximo estas virtudes del conjunto y brindó ediciones equilibradas, de magnífica dimensión sonora, estilísticamente puras y con un vuelo poético notable.

Desde Mozart (sin excesos y con el conceptualismo que lo hacen más bello y profundo) a Tchaikovsky, tantas veces subestimado en su verdadera grandeza y rescatado sobre todo cuando hay un director como Jansons, pasando por un esplendoroso Strauss, con bronces y maderas de lujo y aun en los bises «Cascanueces», de Tchaikovsky; y «Le Cid», de Massene. Orquesta y director celebraron una fiesta de la música.

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