25 de julio 2007 - 00:00

"Habría que tratar como una adicción al amor romántico"

Helen Fisher:«Si hayobstáculos,una pasiónamorosapuede durartoda la vida.Pero losestudios deamantes quecomparten lavida diariademuestranque el amorromántico nodura más queentre 18meses y tresaños».
Helen Fisher: «Si hay obstáculos, una pasión amorosa puede durar toda la vida. Pero los estudios de amantes que comparten la vida diaria demuestran que el amor romántico no dura más que entre 18 meses y tres años».
Helen Fisher nació en Nueva York hace 59 años. Es una eminencia entre los profesores de Antropología de los EE.UU., al punto de conquistar el Distinguidhed Service Award de la Asociación Norteamericana de Antropología. Está al frente del departamento de investigación en la Universidad de Rutgers, Nueva Jersey. Ha dedicado su vida y sus obras a investigar y explicar el sentimiento amoroso, porque «el amor romántico es una de las más curiosas, excitantes y dolorosas experiencias del ser humano. Quise saber por qué la gente vive, canta y mata por amor, y muere para vivirlo. Tenía que ser algo profundamente imbricado en el cerebro humano».

Entre sus libros se encuentran «Historia natural de la monogamia, el adulterio y el divorcio», «El contrato sexual: la evolución de la conducta humana», «El primer sexo: las capacidades innatas de las mujeres y cómo están cambiando el mundo», y «Por qué amamos» [que acaba de llegar a la Argentina].

Periodista: De sus estudios se concluye que el amor, ¿es una necesidad fisiológica, un instinto animal o el resultado de un flujo químico en el cerebro?

Helen Fisher: Amamos porque, hace millones de años, nuestros antepasados necesitaban ese flujo cerebral, estos impulsos y sentimientos para dirigir su cortejo, apareamiento, reproducción y paternidad. El impulso del amor está profundamente imbricado en el cerebro humano. Por lo tanto, el amor es una necesidad fisiológica, un instinto animal y también el resultado de un flujo químico en el cerebro.

P.: Usted dice que el amor romántico es una droga adictiva.

H.F.: Efectivamente, tiene todos los síntomas: a medida que el tiempo pasa, uno quiere más y más de la persona deseada. Es una adicción muy difícil de controlar. Creo que la mejor forma de hacerlo es afrontarlo como una sustancia adictiva. Cuando alguien ha sido rechazado, lo mejor es deshacerse de todo lo que le recuerde a esta persona, no llamarla ni contactarla nunca más, salir, hacer cosas que distraigan y la química cerebral del amor romántico irá amainando, tal y como sucede con el síndrome de cualquier adicción.

P.: ¿Es posible amar a dos personas a la vez?

H.F.: Creo que es muy posiblesentir un profundo apego por una pareja con la que uno lleva mucho tiempo, y a la vez estar locamente apasionado por un amor romántico hacia otra persona distinta, y además sentirse atraído sexualmente por otros individuos. Estos tres sistemas cerebrales (lujuria, amor romántico y apego) no están bien conectados a nivel cerebral. Pero sí creo que es imposible sentirse locamente apasionado por un amor romántico hacia más de una persona al mismo tiempo. El amor romántico está asociado con la obsesión hacia una persona, y es imposible obsesionarse con dos personas a la vez.

P.: ¿Cuánto dura, término medio, la pasión amorosa?

H.F.: Puede durar la vida entera si existe una barrera real en su relación, tal como que uno de los dos esté casado con otra persona, o que los dos vivan en continentes distintos, por ejemplo. Pero los estudios de amantes que comparten la vida diaria demuestra que el amor romántico no dura más que entre 18 meses y tres años.

P.: ¿Es posible mantener viva la llama del éxtasis romántico en una pareja de larga duración?

H.F.: Para eso lo más importante es hacer juntos cosas novedosas, excitantes, llamativas, nuevas e incluso ligeramente peligrosas. Estas novedades excitantes elevan los niveles de dopamina en el cerebro y son capaces de estimular los sentimientos de romance. Por esto se explica que las vacaciones puedan resultar tan románticas.

P.: Los hombres, se dice, se estimulan fundamentalmente por la vista, y las mujeres, por la palabra. ¿Eso continúa siendo así?

H.F.: Creo que sí. Los hombres se guían fundamentalmente por la vista, porque durante millones de años medían a sus parejas en términos de juventud, salud y fertilidad: necesitaba elegir una compañera que pudiera darle hijos sanos. Y lo hacían, mirando el físico de las mujeres, que a su vez pasaban la vida intentando tener buen aspecto porque eran concientes de esta susceptibilidad masculina. Al mismo tiempo, las mujeres necesitaban calibrar la habilidad de su pareja para proveer y proteger a sus vástagos. Y lo hacían, escuchando lo que el hombre les decía: no se puede saber si un hombre es amable, generoso y sincero con sólo mirarlo, hay que conversar. De hecho, la habilidad verbal de las mujeres está en relación con la hormona femenina, el estrógeno, que aumenta en el meridiano del ciclo menstrual, mejorando dicha facultad. Para las mujeres, las palabras son la intimidad. A esto habría que agregar que en los hombres descubrimos en el laboratorio una mayor actividad en una región cerebral asociada a la integración de estimulos visuales. Eso permite comprender tanto que el negocio de la pornografía se apoye en los hombres como que las mujeres se pasen la vida intentado agradar con su aspecto.

P.: ¿Los hombres prefieren mujeres bellas que inteligentes?

H.F.: Existen muchos tipos de hombres, pero tienden cada vez más a elegir a las mujeres por su cerebro. Hoy en día, tanto hombres como mujeres desean una pareja suficientemente hábil como para traer un salario a casa y mantener una conversación. Nos movemos hacia matrimonios compañeros, entre iguales, donde ambos trabajan, proveen a la familia y son educados e intelectualmente estimulantes. En este medio, lo que se espera de las mujeres es que sean competentes e inteligentes.

P.: ¿Cree, como algunos científicos, que «los hombres buscan objetos sexuales y las mujeres objetos con éxito»?

H.F.: Es una tendencia en declive. Pero inclusive en sociedades donde las mujeres son prósperas económicamente, habitualmente tienden a elegir hombres más ricos que ellas.

P.: ¿Son las mujeres menos celosas que los hombres?

H.F.: Ambos pueden volversemuy celosos cuando los provocan. La diferencia es simplemente que las mujeres manejan sus celos de forma diferente. Ellas tienden más a hablar sobre la situación y a tratar de entenderla, mientras que los hombres son más dados a desaparecer, porque tienen buenas razones: el hombre cornudo se arriesga a pasar su vida criando a un niño que no es suyo. El adulterio femenino es para ellos una gran amenaza.

P.: ¿Los celos son siempre el origen de los malos tratos?

H.F.: Suele ser la causa más común, pero no necesariamente la única. La mente criminal puede tener otros motivos para maltratar a su pareja, como alcoholismo, drogas, etcétera.

P.: ¿El amor a primera vistaes una conducta eminentemente animal o qué lleva a amar a otro al primer impulso?

H.F.: Eso procede de un instinto natural. Los animales no disponen de meses o años para conseguir una pareja; cuando comienza la temporada de apareamiento deben iniciar el proceso, por tanto suelen expresar una atracción instantánea hacia individuos concretos. Nosotros hemos heredado ese impulso de atracción inmediata.

P.: ¿En el amor todo es química?

H.F.: Sin duda. Cada vez que pensamos, tenemos una motivación o una emoción, siempre se trata de química (de la dopamina, uno de los estimulante más poderosos de la naturaleza, por dar un caso); sin embargo, por más que se conozcan todo los ingredientes del pastel amoroso -algo que estamos comenzando a hacer en los laboratorios- nos gusta sentarnos a saborearlo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar