12 de julio 2007 - 00:00
"Harry Potter y la Orden del Fenix"
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Un cambio de estilo: la quinta parte de Harry Potter es más fiel al libro, muy dialogada, y la
de menor acción y efectos.
Exagerando con ironía, la saga que inició Chris Columbus ahora exhibe la seriedad clásica de la versión para la TV británica del «Yo Claudio» de Robert Graves. Obviamente, las dos primeras películas que dirigió Columbus son mucho mejores, ingenuas y divertidas, y sobre todo intensas y originales en su puesta en escena de un mundo paralelo de hechiceros, enfocado desde el punto de vista de un héroe preadolescente.
Pero, siendo justos, ya en su quinta novela los conflictos dramáticos son muy distintos, y además la simple recreación de ese universo fantástico, que ya se describió en cuatro ocasiones, difícilmente podría aportar por sí misma. Por eso la elección de un director surgido de la TV inglesa y, más sorpresivamente, de un nuevo guionista -Michael Goldenberg- reemplazando al hasta hace poco imprescindible Steve Kloves, marcan un cambio de estilo grave y firme, muy audaz y también un poco forzado, y a veces al borde de lo pretencioso.
Con los puntos a favor y en contra de este cambio, no deja de ser una apuesta interesante y nada facilista, teniendo en cuenta el modo en el que se manejan estas franquicias en Hollywood. Y si bien el esfuerzo por describir las miserias de la lucha por el poder con tanta seriedad y uso intensivo y a veces abuso de diálogos que no opacarían a «Ricardo III», o el exceso de personajes secundarios que no siempre terminan de lucirse, podría amenazar el conjunto, los dos últimos actos combinan drama y terror con una intensidad y equilibrio que termina por redimir casi todo. Y junto a Gary Oldman y Alan Rickman, el que casi se roba la película es el nuevo compositor Nicholas Moore, que aporta una banda sonora increíblemente adulta, compleja y dramática como para salvar con altura cualquier sobredosis de madurez.



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