"Hay más de un asesino serial en Mar del Plata"

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El asesinato de prostitutas en Mar del Plata desde hace cuatro años, estimuló a Carlos Balmaceda a tratar de desentrañar el enigma de esos crímenes en la novela policial «La plegaria del vidente». Balmaceda (Mar del Plata, 1954) estudió Profesorado de Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Fue entre 1987 y 1991, director de Cultura de Mar del Plata y del Centro Cultural General Pueyrredón. Publicó «La otra muerte», «Leyendas de Mar del Plata», «Guía fantástica de Mar del Plata» (con su hermano Oscar), «El condenado Angel Couso y su papagayo Hamlet». En 1994 recibió el premio Alfonsina por su trayectoria literaria. «La plegaria del vidente» fue reciente finalista del Premio Planeta de la Argentina de Novela. Dialogamos con el escritor.

Periodista: Más de un escritor debe de haber fantaseado con una novela sobre los asesinatos de prostitutas en Mar del Plata...

Carlos Balmaceda:
Seguramente, y alguno no se habrá decidido a hacerlo porque la historia de mujeres que aparecen asesinadas o desaparecen en Mar del Plata no tiene un final, y está muy latente. Debe ser uno de los pocos casos en el país donde no hay un sospechoso. Se detuvo una persona y no tenía ninguna vinculación. Estuvo preso porque se lo relacionó con una mujer y en su auto había manchas de sangre; resultaron ser de mercadería que había transportado, un kilo de carne para hacer un asado. Me propuse hacer una obra de ficción, con una génesis y una estructura basada en esa historia, que no tiene los condicionamientos de una investigación periodística. Lo que quería hablar era de la relación de la gente con la verdad, qué pasa cuando la gente no sabe lo que pasa, cuando reiteradamente le dicen falsedades, y sabiendo que le mienten, pasivamente no dice nada. Esa aceptación es peligrosa.

P.: ¿Por eso eligió la novela policial?


C.B.:
Justamente por todo lo que expliqué me interesa el thriller. En este caso lo que sucede es que asesinan mujeres. Al principio las mataban y descuartizaban, después desaparecían y ahora aparecen degolladas chicas muy jóvenes. Es un asunto que debería inquietar más.

P.: Dice mujeres asesinadas, ¿no se trata de prostitutas?

C.B.:
En el libro uso como base a las prostitutas para generar una relación con la novela policial de suspenso, en la realidad no son sólo prostitutas, son personas que ejercen también otras actividades. Algunas son alternadoras, es decir mujeres que ocasionalmente ejercen la prostitución para obtener ingresos que de otro modo no podrían obtener. La mitad son mujeres que tenían hijos, y al no tener marido en su casa, eran sostenes del hogar. Y, últimamente, hay chicas asesinadas que eran estudiantes y, además, muy chicas. Esa es la cruda realidad.

P.: ¿Por qué sólo se basó en los crímenes de prostitutas?


C.B.:
Porque hago un thriller y eso genera un contraste. Al principio hubo reclamos de sectores de los Derechos Humanos acusando a la policía y el Poder Judicial de no investigar, y al poder político de no comprome-terse porque la categoría de la mujer que ejerce la prostitución es menor que la que es abogada, médica o ama de casa. Ahí aparece el tema de la dignidad de la persona y del oficio y vuelve a surgir el de la verdad, en la medida en que está vinculada con la libertad y con la dignidad. A la persona que se le miente se le niega la dignidad de conocer la verdad. Esto da un argumento interesante para enriquecer una novela policial, que si bien es ficción, siembra puntos de contacto entre ficción y realidad.

P.: ¿Por qué, tratándose de un thriller género que impone un protagonista eligió contarlo por un conjunto de personas?


C.B.:
La idea es que le cuenten al lector tres: un comisario, un periodista y un vidente. En la novela lo único que no se puede saber es la verdad, y el que la sabe no tiene relación directa con ella, es un vidente a quien en distintos momentos comienzan a consultar. La metáfora es que las cosas están a la vista, pero la gente no las quiere ver, y si bien el thriller no va a quedar resuelto (como en otros policiales, donde llega la policía y atrapa al ladrón o al asesino) el lector sabe todo lo que pasa. Los protagonistas como no saben lo que ocurre ni lo que va a suceder comienzan a ser víctimas de la historia. Busco decirle al lector: «mirá, cuando vos estás adentro, podés ser la víctima; está bien, ésta es una novela, pero en la vida real las cosas son más terribles y quienes experimentan los hechos no tienen la posibilidad de que alguien venga y le diga: pará, era una broma de Tinelli». Por eso propongo reflexionar sobre un valor que está en profunda crisis y nosotros estamos aceptando que esté en crisis.

P.: Eso es teoría, también busca seducir al lector...


C.B.:
Mi forma de seducirlo es enterándolo de todo lo que está pasando, y que los personajes no saben.

P.: Desde los años '80 las novelas de asesinos seriales se han convertido en bestsellers, desde «American Psycho» de Breat Easton Ellis a la serie de la Dra Scarpetta escrita por Patricia Cornwell, ¿usted tie
ne alguna de esas influencias?

C.B.: Para contar esta historia me importó «A sangre fría» de Capote, el gran modelo literario, «La canción del verdugo» de Mailer y no dejo de reconocer que la técnica periodística que utilizó Walsh para escribir «Operación masacre» me ofreció recursos, que él mismo explica en su libro. También lo que hizo Piglia con «Plata quemada» (la novela, no la película) sobre cómo investigó la causa y a algunos de sus personajes. Lo que utilicé de esos libros y de trabajos de criminología sobre asesinos seriales son los perfiles psicológicos y cómo desarrollan su actividad delictiva.

Por Internet conseguí «The man hunter» escrito por el investigador más importantes del FBI de esa patología. En «El silencio de los inocentes», aparece como el personaje que hace de jefe de la chica. Esto no me sirvió tanto para saber cómo se cuenta la historia de un asesino serial, sino que me ofreció recursos de investigación y de técnica informativa.

P.: Usted subrayó la importancia de «A sangre fría», de Capote, pero él tuvo diálogo con los asesinos...


C.B.:
Tuve un solo límite, ése. Hay un asesino serial que está encarcelado en Mar del Plata, y que dando vuelta su historia incluyo en mi novela. Es una persona al que frecuentemente van a hacerle notas y a estudiar su caso. Se llama de apellido Arrastia y mató 5 o 6 chicas y le comprobaron 4 crímenes. Una de esas chicas era la nieta del escritor Ulises Petit de Murat. Arrastia tenía un ritual muy salvaje. Hablé con el abogado defensor y de la causa saqué datos que usé al escribir. Fue uno de los modelos, pero no es que trate de ese asesino.

P.: ¿Por qué no lo entrevistó?


C.B.:
Me aconsejó un médico psiquiatra no hacerlo porque se iba a fijar en mí, creería que iba a hablar de él e intentaría buscarme, los psicópatas son personas de mucha obsesión. Y, como el asesino de mi novela está totalmente inventado, lo que necesitaba era algunos datos técnicos y saber cómo se construye la mente de ese tipo de criminales.

P.: Cuando Patricia Cron-well visitó la Argentina, que será el paisaje de una de sus novelas de asesinos seriales, lo primero que visitó fue la morgue. ¿Usted cómo investigó para su novela?

C.B.:
Como vivo en Mar del Plata cubrí el caso durante un tiempo para un diario. Cuando comenzaron esos asesinatos, en julio del '96, la primera víctima fue una uruguaya que no aparecía como prostituta ni el crimen era aún parte de una serie. Ese hecho lo tomé para mi novela, que inicié unos meses después. Hablé con fiscales de la causa, con policías que investigaron, con algún abogado que tuvo que ver, con el médico forense que tenía las pericias.

No hablé ni con familiares de las víctimas ni con abogados involucrados con las víctimas porque no quería hacer un libro sobre el caso, sólo utilizar elementos, por eso preferí ver documentos. La Policía me mostró fotos espantosas, las primeras no son de personas sino trozos de personas, y la parte forense, que muestra la repetición del ritual criminal en los primeros cuatro casos, a partir del quinto no apareció más ese sello de los asesinos.

P.: Usted habla en plural, ¿hay un asesino o varios?


C.B.:
En la realidad hay más de uno. Se sospecha que podría ser una operación montada sobre un asesino. Una hipótesis: un asesino operó un tiempo, se asustó y se mudó; sobre esa base se montó una operación para otros objetivos, por ejemplo narcotráfico mezclado con prostitución. Pudo haber alguien que dijera: «Che, estos crímenes nos pueden servir»; no estoy seguro de que sea así, pero es una de las conjeturas probables.

Si bien hubo gente cercana a las víctimas que quisieron hablarme, preferí evitar esos encuentros porque estaba escribiendo una ficción a partir de los hechos. Hubo quien lo comprendió perfectamente, y me dijo: es importante que de esto se hable como sea, porque no se está hablando. El libro, en algún punto, es una alarma que dice: esto está mal, habría que hacer algo, el ocultamiento de la verdad tiene consecuencias gravísimas, no se puede vivir con la mentira.

P.: Usted puso límites a los hechos reales...


C.B.:
Mi intención fue hacer literatura, contar desde la fantasía cosas que ocurren en la realidad, como para iluminar a una y otra cosa. Podría haberlo contado en otro lado, pero soy de Mar del Plata, ocurre en Mar del Plata y la arqueología del lugar me sirve. Además, lleva a reflexionar sobre otras cosas. ¿Cómo nos relacionamos con la verdad?, ¿aceptamos como verdadero el discurso oficial sin discutirlo?, ¿y si la verdad no fuera como la imaginamos? Al principio fue una prostituta uruguaya, ahora son estudiantes universitarias, del '96 hasta hoy han muerto o desaparecido, no todas respondiendo al mismo canon, cerca de 25 mujeres, esa es la realidad, y es uno de los pocos casos sobre el que no hay una sola pista, ni una.

P.: ¿Qué escribe ahora?

C.B.:
Sobre un caníbal, un nuevo serial thriller. Me va a permitir reflexionar sobre el amor, la posesión y la violencia.

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