“Tenemos todo el tiempo del mundo” le dice 007 a su enamorada. Pero él debería saber que esa no es una frase afortunada por el antecedente de la canción que cantaba Louis Armstrong, “We Have All The Time In The World”, en “Al servicio secreto de Su Majestad”, en la que el más ridículo James Bond de la historia, el australiano George Lazenby, se casaba con Diana Rigg, la de “Los vengadores”, y Telly Savallas le rompía el corazón matando a la novia. Aquella era una de las peores películas de la serie que inició “El satánico Dr. No”, pero al lado de esta sensible, y sobre todo eterna “Sin tiempo para morir”, se vuelve divertidísima. Si tenemos en cuenta que la indudable obra maestra, “Goldfinger” con Sean Connery, duraba poco más de 100 minutos, las casi tres horas de la nueva son un auténtico despropósito, lo que sumado a otros puntos flojos de esta despedida de Daniel Craig del personaje es un detalle que no ayuda.
Bond está cansado y no le quedan muchos cartuchos
En la demasiado extensa "Sin tiempo para morir", Daniel Craig se despide de 007
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Los fans de las películas de Bond ya han visto muchos cambios de actores, lo que en los buenos viejos tiempos se hacía en un tris y sin tanta pompa. Y es una pena, porque Daniel Craig cubrió muy bien al mítico espía en varias de sus películas, especialmente en “Casino Royale” y “Skyfall”. Y si bien se podrían aceptar algunos cambios en Bond, ya que luego de un vertiginoso prólogo en Italia el guión lo reencuentra varios años más tarde como agente retirado, lo cierto es que a lo largo de este pretencioso drama de acción hasta el mismo Ian Fleming podría llegar a dudar de que éste sea el personaje de sus novelas. La idea fue adaptar a James Bond a los tiempos que corren, evitando que cosifique a las bellas mujeres de siempre y volviéndolo vulnerable a las dura vida del agente secreto con licencia para matar, pero eso sólo puede convencer a quienes no han visto nunca la era de oro de 007, pero difícilmente a sus verdaderos fans.
La trama, con baches narrativos solo parcialmente cubiertos por las sólidas escenas de acción, muestra a un Bond retirado en Jamaica, que está pescando tranquilo cuando viene la CIA y lo convence de que los ayude en Cuba (esta es la segunda vez que 007 visita la isla, luego de Pierce Brosnan en “Otro día para morir” de 2002). Allí comienzan los ataques de Spectre, con dos villanos que no hacen uno, un flojo Christophe Waltz como Blomfeld, y un enmascarado Rami Malek que daba para mas. La película tiene sus momentos pero las casi tres horas atentan contra el resultado final. Y es una pena que la excelente agente novata de la CIA, Ana de Armas, que se roba cada escena, no aparezca tanto como uno querría.
“Sin tiempo para morir” (“No Time To Die”, GB-EE.UU., 2021). Dir.: C. Fukunaga. Int.: D. Craig, A. de Armas, R. Malek.




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