Alejandro Parisi: recuperar las claves de la novela policial clásica

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Su detective de siempre, Álvaro Balestra, protagoniza una historia enraizada en la Segunda Guerra Mundial, época privilegiada en su obra.

“Es un policial arqueológico en el que el lector acompaña al detective en su investigación, en sus descubrimientos” expresa Alejandro Parisi sobre “Los pájaros negros” (Sudamericana). Novelista y guionista, Parisi lleva publicados ocho libros que han sido traducidos a diversas lenguas, entre los cuales está su “Trilogía del Holocausto” (“El ghetto de las 8 puertas”, “La niña y su doble”, “Hanka 753”). En su nueva novela continúa la historia del detective Balestra iniciada con “La sangre en el ojo”. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Para “Los pájaros negros” se basó también en testimonios reales?

Alejandro Parisi: No conscientemente. En la Trilogía del Holocausto tenía que ser fiel al relato de los sobrevivientes. En este caso armé la historia de los tres personajes: un vasco que sobrevive al bombardeo de Guernica, un judío que sobrevive al Holocausto y un italiano que sobrevive a la pobreza de la posguerra en Sicilia. A los que sumo un detective uruguayo que ya conozco y que nos va a hacer saber de ellos. Todo eso lo decidí yo, pero es imposible que no me base en cosas que fui escuchando en los 15 años que llevo entrevistando gente, desde mi abuela que pasó la posguerra en Sicilia a las historias secundarias que escuché a los sobrevivientes del Holocausto y relatos de exiliados españoles que llegaron a la Argentina. Una vez, en la biblioteca de General Villegas, la directora me contó que el abuelo era vasco exiliado y extrañaba los montes, y como la llanura lo angustiaba se subía al molino de viento para ver desde una altura que le recordara la que tenía en el País vasco. Eso está en la novela.

P.: ¿Por qué volvió a los europeos que se refugiaron en la Argentina en los años 40?

A.P.: La Segunda Guerra Mundial cambió el mundo, como después con la caída del Muro y el 2001. Muchos, como en mi caso, somos nietos de esos exiliados. Es algo que nos ronda. Frente a ese culto al presente que tenemos hoy, yo prefiero ahondar en el pasado. El pasado permite pensar mejor contando con sus consecuencias. Por caso, esos tres tipos casi analfabetos que huían de la guerra, que no tenían ni para empezar, se encontraron con un país en crecimiento que les dio herramientas para triunfar en la vida. Si esa parte de la historia transcurre en los años ‘40, ’50 y llega hasta el momento en que se ven obligados a cometer algo que lo separa para siempre, el segundo hilo de la historia, la parte policial, el presente de la novela, sucede en 2009 cuando caen las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, en que el tano quiere saber qué fue de la vida de aquellos amigos.

P.: Y contrata al detective privado Álvaro Balestra...

A.P.: Balestra es un expolicía uruguayo que vive en Buenos Aires, y que había actuado en el caso de “Con la sangre en el ojo”. El tano, ahora empresario millonario, lo contrata para encontrar a sus amigos. La condición del detective es saber la vera historia. Y Balestra, casi a la par del lector, va descubriendo quiénes eran, dónde nacieron, cómo se conocieron, qué cometieron, por qué se separaron, va construyendo la historia de esos amigos. Es un policial arqueológico, porque aquello que se desentierra pasó hace mucho tiempo aunque tenga ecos actuales.

P.: ¿Ahora qué está escribiendo?

A.P.: La historia de una familia sobreviviente del genocidio armenio, que me mostró un universo terrible que no conocía del que tengo el relato directo. No sé si mi próxima novela será otra de Balestra, pero sé que me va a seguir acompañando.

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