17 de octubre 2005 - 00:00

Homenaje a Favio potenció muestra de cine en su tierra

LeonardoFavio vivióunairrepetiblenoche dehomenajequecontribuyó adisimular losvariosdescuidos delFestival deSan Rafael,entre ellos, elsonido de lassalas queamargó avariosdirectores.
Leonardo Favio vivió una irrepetible noche de homenaje que contribuyó a disimular los varios descuidos del Festival de San Rafael, entre ellos, el sonido de las salas que amargó a varios directores.
San Rafael - La emoción de un homenaje a Leonardo Favio en su propia tierra potenció el comienzo de un nuevo festival, el Latinoamericano de Cine San Rafael 2005, y contribuyó a disimular sus descuidos. El principal, que aunque hubo 18 películas procedentes de siete países del continente, prácticamente no hubo ni un solo artista latinoamericano en el encuentro, que terminó el sábado con el triunfo de la película argentina «Buenos Aires, 100 kilómetros», de José Luis Meza (el sábado, casi al mismo tiempo, la misma película también ganaba el primer premio del Festival de Viña del Mar).

Algunos errores (cambios de programación, olvidos de libreto, etc.) llamaron la atención, considerando que en febrero ya se había hecho una experiencia piloto para ir previendo problemas. A corregir, urgente, el sonido de las salas, que le amargó la vida al marplatense Gustavo Biraven, director de «Cautiva». Se entiende: él trabaja en Los Angeles como técnico de sonido de películas como «El fugitivo», «Sé lo que hicieron el verano pasado» y unas cuantas de Jim Carrey. Para «Cautiva» puso lo mejor, pero las instalaciones locales no dejan apreciarlo.

Igual que el de Mar del Plata, con el paso de los días las cosas fueron mejorando, al punto que Mónica Gonzaga, que por diversas razones ha pasado 15 años de su vida en festivales, le auguró al sanrafaelino un futuro cercano al del ejemplar Gramado, de Rio Grande do Sul, que también combina cine nacional y latinoamericano. Cerca de Gramado también debería estar, si levantara cabeza, el de Tandil, que este año volvió a cambiar su comisión organizadora y dejó de ser competitivo. Al respecto, el primer premio de San Rafael se lo llevó «Buenos Aires, 100 kilómetros», película con la que el público local sintió especial sintonía, ya que describe la vida cotidiana de unos chicos de un pueblo del interior. En lo positivo se anotan la buena recepción del público, la predisposición de los organizadores (especialmente, la Cámara de Turismo local, que así enlaza una temporada con otra), algunas actividades paralelas (clases abiertas, exposición de afiches históricos, etc.), el espacio DOC, Denominación de Origen Cine, exclusivo de los cineastas mendocinos, que se lucieron con el gore «Antes del fin del agua», y esa irrepetible noche de homenaje.

El telón se corre, y aparece Leonardo Favio, sentado junto a una mesa. La sala entera, llena hasta el tope, se levanta como un solo hombre y estalla en una larga ovación, que no parece tener fin. Reticente al comienzo, el hombre se termina entregando, con sonrisa de niño y dulzura de poeta. En la platea están quien fuera el niño de «Crónica de un niño solo», Diego Puente, la sufrida esposa de «El romance del Aniceto y la Francisca», Elsa Daniel (dicho sea de paso, la película de Favio preferida de los mendocinos, porque se rodó en Luján de Cuyo). Está también su hijo, que vive en San Rafael, con quien se ha reencontrado después de largo tiempo (curiosidades del destino, el niño solo hoy es entrenador de rugby del nieto del poeta). Y están sus paisanos, todos moqueando. Y Favio habla, evoca su infancia, sus ilusiones, saluda a quienes alcanza a ver.desde el escenario, se confiesa: «Ahí está Elsita, recuerdo cómo la perseguía cuando éramos jóvenes». Luego se cierra el telón. Discretamente lo sacan del teatro. No quiere que nadie vea cuánto le cuesta caminar. No va después a ninguna recepción, esquiva nuevos encuentros, muy pocas horas después ya regresa a Buenos Aires.

«Es cierto, me perseguía desde que éramos adolescentes en 'La mano en la trampa'»,
recuerda la actriz al día siguiente, y lo califica como «uno de los mejores directores argentinos, si no el mejor». Pero no dice si alguna vez se dejó alcanzar. Final con lluvia. Tanto proclamar eso de «acá las lluvias y tormentas son muy escasas y apenas duran 20 minutos», y al final el sábado, justo para la clausura, llovió toda la noche sin parar hasta la madrugada. Otro mito que cae.

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