(14/08/2001) El paso de Zubin Mehta y la Orquesta Filarmónica de Israel por Buenos Aires dejó un saldo artístico invalorable, pero la última función estuvo viciada de conflictos sindicales que nada tenían que ver con el momento. Mehta dirigió una emocionante versión de la Sinfonía Coral de Beethoven, para la cual se invitó a cuatro de los mejores cantantes locales, la soprano Paula Almerares, la mezzo Cecilia Díaz, el tenor Darío Volonté y el barítono Luis Gaeta. Para la «Oda a la alegría» se convocó al Coro Polifónico Nacional.
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Pero los integrantes del Coro Polifónico Nacional aprovecharon la ocasión para protestar por la situación que están pasando (recorte a los magros sueldos, inciertas condiciones de trabajo con promesas de estabilidad nunca cumplidas y falta de programación).
Cuando llegó Darío Lopérfido al Colón, un cantante con 35 años de antigüedad en el Polifónico le expresó que «nunca estuvieron tan mal como lo están con su gestión». Y Lopérfido quiso derivar el reclamo a Jorge Telerman, de manera que se lo ilustró en cuanto a que el Coro pertenece a la Secretaría de Cultura de la Nación (y no a la del Gobierno de la Ciudad), lo que parecía ignorar.
Terminada la Sinfonía, integrantes del Coro exhibieron una enorme pancarta con la frase: «No a un gobierno genocida de la cultura», lo que enfureció a Pablo Batalla -director general ejecutivo del Teatro Colón-con insultos a las delegadas y prometiendo que mientras él esté en el Colón ese Coro no entrará al teatro. Lamentables derivaciones de lo que era un acto benéfico y pacifista, en tiempos tan duros para Israel.
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