22 de septiembre 2003 - 00:00

Humor y también buena danza de España y Suiza

«Bésame el cactus». Coreog., dir. e interpretación: Sol Picó. (Teatro Regio) «The Moebius Strip». Coreog.: Pilles Jobin (Teatro Pte Alvear)


Protagonista casi excluyente de su propia coreografía (Joan Manrique la acompaña como actor y maquinista), Sol Picó es una bailarina atípica. Ni su físico ni su técnica se vinculan con los parámetros habituales de la bailarina clásica. Esto le sirve para elaborar un show humorístico en el que, entre otras cosas, se ríe de sí misma. Desde que reparte tomates para que los espectadores se los arrojen si no les gusta lo que hace, la bailarina española plantea sus dudas acerca de la efectividad de su «performance». Lo suyo es más deconstrucción que construcción de un espectáculo de danza. A una banda sonora que mezcla a María Callas cantando un aria de «La Wally», el adagio para cuerdas de Samuel Barber hasta la canción «Bésame mucho», entre otras yerbas, Picó se transforma a través de sus movimientos y su actuación (en el aire, en puntas, en zapatos de taco gitanos) en una suerte de clown fellinesco, que puede ser desde una marioneta colgada con arnés y armadura (una Quijote) hasta una «etoile» descalza que hace equilibrio entre los cactus. Los tomates que caen al final de su recital iconoclasta y desprejuiciado corren por cuenta de ella, saludablemente autocrítica.

• Moebius

La conjunción de una banda sonora electrónica de Franz Treichler, las luces de Daniel Demont y la planificación coreográfica de Gilles Jobin es tan exacta y complementaria que no puede hablarse de «The Moebius Strip» sólo como de una obra dancística. En realidad el espectáculo configura una experiencia plástica con distintas disciplinas asociadas y orientadas a replantear las relaciones del espacio escénico, la sonoridad y la luz como elementos integrados para representar imágenes recurrentes del devenir humano y sus relaciones. In crescendo con la banda sonora, la danza se desarrolla a través de movimientos y formas geométricas originales que no se relacionan con los planteos tradicionales. La luz juega un papel decisivo de forma tal que la dinámica se transforma como consecuencia de su intensidad o su mínimo valor, tal como sucede en el tramo final de «The Moebius Strip», cuando los cinco bailarines -estupendas herramientas de Jobin-pasan a ser no hombres y mujeres en acción sino sombras, meras abstracciones en un espacio virtual. Un soberbio trabajo presentado por Suiza en el Festival Internacional.

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