Ellen Wolf (la abuela) y Miriam Odorico en «La omisión de
la familia Coleman», de Claudio Tolcachir.
«La omisión de la familia Coleman». Libro y Dir.: C. Tolcachir. Int.: M. Odorico, E. Wolf, I. Lavalle, T. Kiper. («Timbre 4».)
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Una madre infantilizada y negligente, un hijo con problemas psicológicos, otro a punto de iniciar una carrera delictiva y una abuela paciente pero estricta, que intenta gobernar ese hogar con la ayuda de Gabi, la más centrada de sus nietos. A ellos se suma Verónica, la hermana mayor, casada y con dos hijos, la única que ha logrado establecerse profesionalmente, quizás por haberse criado con otra familia. Un profundo resentimiento la separa de su madre y hermanos; pero aún así les brinda ayuda económica a través de su abuela, la única en quien confía.
Así se inicia este nuevo espectáculo de Claudio Tolcachir (su último trabajo de dirección fue «Jamón del diablo») que denota una particular solidez en el tratamiento de la dinámica familiar, con sus secretos y alianzas, y en la caracterización de personajes de alta densidad que aún bordeando lo patológico responden a modelos universales. «La omisión de la familia Coleman» se inicia con diálogos desopilantes y un intenso trabajo físico (corridas, peleas, juego de manos). La aparición de cada nuevo personaje va aumentando la tensión hasta instalar un precario equilibrio entre humor y drama que se vendrá abajo tras la internación de la abuela, la única figura adulta en ese desorden. Las escenas en el hospital son de antología, no sólo por su credibilidad y alto nivel de delirio sino también por su eficaz anudamiento de vidas y destinos.
Con un lenguaje sencillo, y a través de personajes coherentes, Tolcachir ha logrado adentrarse en el lado oscuro de una familia especial, en la que sin embargo es posible descubrir conflictos y realidades cercanas. El director ha optado por una ambientación despojada de artificios.
La magnífica labor del elenco contribuyea que esta odisea familiar tenga efectos en el público. Ellen Wolf (la abuela) y Miriam Odorico, como su inimputable hija Meme, resultan inolvidables.
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