12 de septiembre 2003 - 00:00

Ingeniosa versión del "Quijote" para chicos

«Entrambos» por la Compañía Buster Keaton. Libro y Dir.: P. Bontá. Int.: H. Segura, C. Pazos, V. Valle. Trat. sonoro y Mús. incidental: F. Aldao. Esc. vest. y utilería: A. Mateo. Ilum.: E. Sirlin (Centro Cultural de la Cooperación).

En esta original versión de «Don Quijote de Ela Mancha» -pensada para público de 9 años en adelante-, los personajes comentan sus aventuras asumiendo de antemano su condición de criaturas literarias. Sancho y su amo aparecen en escena dispuestos a transgredir la ficción y a jugar con el humor, algo que ya se percibe en el vestuario de diseño abstracto (líneas redondas para uno y afiladas rectas para el otro) y en la alegría con que van revelando diferentes trucos de escena.

El pragmático escudero, aquí rebautizado Zancas, asiste fielmente a su señor para que no pierda coherencia ni aburra al público con sus floridos discursos (en castellano antiguo) en defensa del idioma. Al respecto, resulta sumamente graciosa la diatriba de Don Quijote contra la hache muda.

El Caballero de la Triste Figura navega en el tiempo hasta nuestros días, sufriendo los desl plantes de la vulgar campesina Aldonza Lorenzo, a la que sigue idealizando sin darse cuenta de que, a través de los siglos, su adorada « Dulcinea» se ha convertido en una luchadora comprometida con su tiempo. Mientras ella empuña el fusil en distintas guerras, el romántico Alonso Quijano siente que pierde fuerzas ante una sociedad cada vez más prosaica e indiferente a las creaciones del espíritu. El y Sancho están « heridos» de ficción y sólo ven el mundo a través de la literatura. Es por eso que sobre el final ellos vuelven a las páginas del libro, mientras Aldonza (la cantante Verónica Valle) se escapa por la puerta.

Con este espectáculo, la Compañía Buster Keaton marca un giro importante en relación a su producción anterior («La liturgia de las horas», «Imaginario, laboratorio de colores»), basada exclusivamente en la acción corporal y la imagen. Si bien la gestualidad sigue siendo muy fuerte, el director Pablo Bontá logró un buen equilibrio entre la expresión física, el lenguaje verbal y el material sonoro que dan forma al espectáculo. En él confluyen armoniosamene la comicidad de Zancas (magnífico trabajo de Héctor Segura), la sensual melancolía de Quijano (Claudio Pazos) y las bellas canciones del folklores sefaradí, árabe y español que entona Verónica Valle.

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