Cuentan que, cuando Somerset Maugham visitó Hollywood en los años '40, fue invitado al set de filmación de «Dr. Jekyll and Mr. Hyde» y allí le presentaron al protagonista, Spencer Tracy. «¿Y ahora de quién está haciendo?» bromeó el escritor británico al verlo, pese a que el actor no llevaba en ese momento su pesado maquillaje como el monstruo Mr. Hyde. Sin embargo, si Somerset Maugham hubiese ido 20 años antes y le hubiesen presentado a John Barrymore, intérprete de esta versión que acaba de editarse en DVD, la pregunta habría sido absolutamente lícita: Barrymore, con su magnífica ductilidad facial y sus amplios recursos expresivos (características que compartía con los más grandes actores del cine mudo), no se valió del maquillaje para interpretar a cada una de las dos personalidades de la famosa criatura literaria de Robert Louis Stevenson. Con el añadido apenas de unos discretos dientes y uñas postizas, Barrymore era Jeckyll o Hyde gracias a su postura corporal, a sus luces y sombras, a la mirada serena o amenazadora.
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Esta histórica versión muda del clásico continúa siendo, pese a las muchas posteriores en la etapa sonora, una de las más maduras. El objetivo del film no era infundir miedo o sorprender con los «efectos especiales», sino trazar una parábola acerca de la debilidad que tiene un hombre común y corriente por reprimir algunos de sus fantasmas interiores. Realizada en el período de entreguerras, con disciplinas modernas en despliegue, como el psicoanálisis, «Dr. Jekyll and Mr. Hyde» es un invalorable testimonio de la cultura de los '20, años en que la belle époque incubaba ese «huevo de la serpiente» que tardaría poco más de una década en estallar.
Esta versión, que dirigió John S. Robertson, tiene además una suntuosidad no frecuente en otros títulos de la época o anteriores. Se trata de una de las primeras «superproducciones» de la Paramount, que desde los años '70 puede verse en copias con metraje recuperado.
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