4 de marzo 2002 - 00:00

La crisis golpea al mundo del arte

La Argentina desde el cielo
"La Argentina desde el cielo"
(04/03/02) Desafiando el calor y el desánimo, la comunidad artística se reunió el miércoles pasado por primera vez este año y colmó las salas del Centro Cultural Recoleta y el Museo de Bellas Artes. Los artistas Alejandro Puente, León Ferrari, Oscar Smoje, Eliana Veggezzi, Luis Niveiro, Mirella Baglietto, Jacques Bedel y Luis Benedit; los críticos Rosa María Ravera, Mercedes Casanegra, Rosa Brill, Julio Sánchez y Marcelo Pacheco; los galeristas Osvaldo Giesso, Pelusa Bortwick y Alvaro Castagnino, entre otros allegados, fueron llegando de a poco al Recoleta para despedir a sus amigos Victor Grippo y Teresa Volco que murieron en fechas recientes.

«Tenemos que estar juntos en las buenas y sobre todo, en las malas, porque de nada sirve la salvación individual o que 'sobreviva el más apto' (como decía Federico Peralta Ramos)
», fue el mensaje de Pedro Roth, el más intenso. Casi toda la comunidad del arte estaba representada, hasta funcionarios se vieron, pero coleccionistas y patrocinantes no había. Creadores de imagen tampoco.

Es decir, faltaba, y otro tanto ocurrió en la entrega de premios Leonardo en el Bellas Artes, esa efervescencia glamorosa que caracterizó estas reuniones durante la última década. Parecía una vuelta atrás en el tiempo. Así, los artistas volvieron a ocupar esa tarde el centro de la escena que monopolizaban hasta ayer agentes de prensa, operadores, sponsors y coleccionistas que atraían hasta modelos, políticos y estrellas de cine.

•Parodia

Como aseguraba Tristán Tzara, el mundo del arte no es más que una pequeña parodia del mundo del poder real, el del gobierno, y en ambos se ha desvanecido el dinero, además de la mágica cuota de frivolidad que suele acompañarlo.

No se trata ya de que al MALBA no llegará la exposición de la estrella del Pop art, Roy Lichtenstein, ni al Bellas Artes el genio de Goya financiado por una empresa española, es que así las cosas, no va a llegar nada importante del extranjero, ni libros, ni revistas, ni críticos de arte. A partir del 20 de diciembre la Argentina quedó excluida del planeta, dejó de ser el lugar de encuentros felices y festivales a los que todos querían concurrir. Ahora, y más allá de los costos que impone la devaluación, no hay seguros que cubran los atentados terroristas, ni intención alguna de patrocinar nada, con la sola excepción de las embajadas que decidan mantener sus programas de exposiciones enlatadas que dan la vuelta a la tierra para promocionar a sus propios artistas.

De este modo, Francia presentará al fotógrafo Yann Arthus Bertrand, autor del libro «La Argentina desde el cielo», un verdadero catálogo de nuestros paisajes más significativos, mirados con el ojo de un artista que supo revelar toda su magnificencia. Y acaso con esta muestra, Francia logre hacer olvidar el rechazo que provocó el año pasado con el sinsentido de la muestra que exhibió también en el Recoleta, cuando presentó la bandera argentina de Jean Pierre Raynoud, artista que ya le había entregado a Fidel Castro la de Cuba, aspirando a demostrar lo obvio: que es un símbolo de comunicación universal.

Fuera del circuito de las embajadas, las dos muestras internacionales que se confirmaron son la del mentor del arte povera, Mario Merz, en la Fundación Proa y financiada por Techin, y la de fotografías de la iraní Shirin Neshat en el MAMBA, a cargo de Frances Marinho, directora de Arte Viva.

Al culminar el homenaje en el Centro Cultural, quienes atravesaban la terraza del Buenos Aires Design para dirigirse al Museo, divisaron la obra de
Marta Minujín, «Arte en proceso. MICZ. Mujer, Intelecto. Consumo. 2», un cuerpo femenino trenzado con alambre y decapitado. Todo un símbolo frente a los restaurantes oscuros y vacíos.

Pero no se puede negar que el ambiente estaba allí más animado, con la presencia del flamante secretario de Cultura,
Rubén Stella y el director de Asuntos Culturales de la Cancillería, Alberto Petrina, además de Silvia Rivas, Diana Saiegh, Magdalena Faillace, que tensaron los temas políticos, y entre los artistas, Clorindo Testa, Pablo Suárez, Carlos Gorriarena y Luis Felipe Noé, quien comentó que prepara una exposición colectiva que se llamará «¡Oh! Patria nuestra».

Sucede que los artistas retomaron el discurso. Contaron que cada cual elabora como puede el derrumbe del país; que la sola posibilidad de volver a padecer el aislamiento, ya sea por motivos políticos, como los que signaron la década del setenta, o económicos sumados a los políticos, como los que hoy se imponen la crisis, los aterra; que guardan silencio, unos porque no es fácil emitir juicios ante la complejidad de los conflictos, y la mayor parte porque a nadie se le ocurre consultarlos.

Ravera
, semióloga y presidenta de la Academia de Bellas Artes, acusó sin rodeos a la prensa: «Existen discursos, pero no gravitan, porque admitamos que en nuestro país, salvo a las figuras particularmente mediáticas, a los intelectuales se los consulta poco. El filósofo Gianni Vattimo es diputado europeo, porque le interesa la política, pero además porque la sociedad le brinda ese lugar».

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