Mar del Plata (enviado especial) - La competencia oficial comenzará hoy hermanando simbólicamente una película israelí y otra iraní, aunque si de hermanas se trata, más interesante fue ver ayer a Ethel y Gogó Rojo montadas en un Decarlo descapotable, integrando, como unas reinas, el desfile inaugural. También se lucieron Mimí Ardú, las chicas de la Guardia del Mar y otros encantos. Por lo demás, el Festival ha comenzado como es costumbre.
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Algunos jurados paralelos no tienen alojamiento e inclusive tampoco encontraron el suyo quienes vinieron anteayer desde Buenos Aires a montar una exposición en el hall del Auditorium. Debieron vagar por la ciudad con todos los bártulos a cuestas. Igual rumbo errático debieron emprender varios periodistas latinoamericanos y hasta un miembro del comité de selección, que se encontraron sin hospedaje, o en listas incorrectas.
En cuanto a programación, este año la aduana se ha portado decentemente, es decir, el grueso del material ya está en la ciudad, salvo el programa de documentales de Walter Salles, que todavía no ha llegado. Sin embargo, esto puede reprocharse a la burocracia carioca, aquejada por la consabida resaca del carnaval mais grande do mundo.
El festival, que por el contrario está lejos de ser es el más grande, ofrece en cambio un homenaje a las mujeres en su día, con distinciones a Eva Landek, Lucrecia Martel y otras directoras. A la noche, en cambio, el homenaje será para los laboratorios que contribuyen a la recuperación de películas. Sin embargo, aunque se ostente una copia impecable de «Apenas un delincuente», los conservadores nucleados en Aprocinain están de duelo por la muerte anteayer de Octavio Fabiano (ver página 2). Hubiera sido bueno proyectar la película a la que él había dedicado buena parte de sus últimos años, una copia restaurada de «Mateo», de Daniel Tinayre. Ideal además, que la presentara Mirtha Legrand y fuera acompañada por un libro del Museo del cine como había sido inicialmente pensado, pero nada de eso ocurrirá.
Los recuperadores presentarán, en cambio la referida «Apenas un delincuente» y otras, entre ellas, el casi inédito de Manuel Antín «Los venerables todos». La verdad, en este Festival, no todos son venerables, pero es una linda frase.
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