25 de junio 2001 - 00:00

La fuerza de Picasso, al natural en gran muestra

Cabeza llorando.
"Cabeza llorando".
Según un informe de la UNESCO, «la cultura puede ser un factor de integración de los pueblos, de unidad nacional, de resistencia a la uniformidad y a la modernización sin alma, de conciliación ante las situaciones conflictivas creadas por la economía, y un agente de comprensión económica y social que puede favorecer la cooperación».

En los discursos de presentación de la exposición «De Picasso a Barceló», la megamuestra de arte español, que llegó la semana pasada desde el Museo Reina Sofía de Madrid al de Bellas Artes porteño, patrocinada por Telefónica de España, nadie aludió directamente al enfrentamiento social que los conflictos financieros han generado entre ambos países.

Sin embargo, el vernissage coincidió con el momento más álgido de la discordia, y no faltaron referencias coincidentes con el criterio de la UNESCO, expresiones que si bien fueron veladas, aspiraban a que la acción del ámbito cultural contribuyera a la recuperación del diálogo.

Amenaza

Por la tarde, ante la amenaza de que una bomba podría estallar en el museo, 3.000 espectadores fueron invitados a retirarse. En todo caso, más allá de la posibilidad de interceder en el área económica, lo que quedó en claro es que cultura y política no son compartimentos estancos.

Para comenzar, no es común que el arte convoque a tantos funcionarios, políticos y empresarios, que superaron en número a artistas y coleccionistas; tampoco es común que los conflictos del sector económico impregnen una jornada que, se suponía, iba a estar dedicada al arte. Exclusivamente. Sobre todo, cuando las deslumbrantes obras de Picasso, Miró, Dalí, Juan Gris, Tápies, Chillida, Marie Blanchard y Julio González, entre otros, ostentan cualidades para capturar toda la atención con su sola presencia.

El secretario de Cultura de la Nación,
Darío Lopérfido, habló en representación del Presidente y observó que la confluencia del sector público y privado posibilita el acceso a la cultura del público en general. El secretario de la Ciudad, Jorge Telerman, anunció que marcha a Barcelona con un numeroso grupo de artistas. Como representante de la Cancillería, Teresa Anchorena, luego de considerar que «esta exposición es la muestra del año», agregó: «Si vamos adelante, los problemas se van a resolver. Debemos poner todo nuestro esfuerzo para que las relaciones continúen como deben ser».

En este contexto, el consejero de la Embajada de España,
Román Oyarzún, priorizó la hermandad y afinidad con la Argentina. Luego, desde el ámbito empresarial, la presidenta de Arte Viva y responsable del envío español, Frances Reynolds Marinho, subrayó la necesidad de fortalecer las alianzas entre la Argentina, España y Brasil, las culturales y también las financieras.

El presidente de Telefónica de la Argentina,
Carlos Fernández Prida, puso el acento en la política de la empresa, a la que denominó «multidoméstica», en oposición a multinacional, añadió que 90% de los trabajadores es argentino y que la cultura es el medio de comunicación que han elegido. El retorno al tema que motivó la reunión, la excelencia del arte español, estuvo a cargo de la curadora de la muestra, María José Salazar, y de Jorge Glusberg, quien señaló cuán difícil resulta en América latina que los grandes museos de Europa presten sus obras cumbre. Junto al público, los directores generales de relaciones institucionales de Telefónica de España, Calixto Ríos y Arturo Moreno Garcerán, y del área de Gestión, José María Magallón, escuchaban con interés.

En arte, se suele denominar al siglo XX como el siglo de
Picasso, y la muestra se abre con dos óleos de especial importancia: el «Retrato de Fernande», un rostro que parece tallado en piedra donde se advierten los volúmenes cubistas, e « Instrumentos de música sobre una mesa», pintura que evidencia el criterio simplificador característico del arte moderno. Con estas obras, compiten varios bocetos del « Guernica».

Picasso comenzó a trabajar en el «Guernica» en mayo de 1937, a escasos días de que los nazis bombardearan la ciudad; los dibujos que llegaron a Buenos Aires alcanzan a mostrar la intensidad emotiva del cuadro original, obra sin parangón en la historia del arte.

La misma fuerza expresiva es posible descubrir en los trabajos de «
La generación abstracta», tendencia afín a las necesidades de los artistas durante el régimen franquista y representativa del «ser español». Con sus empastes, su materia áspera y los tonos sombríos en las gamas de los negros, tierras y grises, los artistas como Antonio Saura, Manuel Millares, Luis Feito o Martín Chirino, entre otros, entronizaban el drama y triunfaban en el extranjero con una reconocible identidad española.

Nuevos

Luego, algunas de las obras de las últimas generaciones, como la de Miquel Barceló, Cristina Iglesias y, de un modo menos explícito, la ciudad gris de Miquel Navarro, pueden ser vistas como herederas de esa tendencia. En París, el exilio gestó el olvido. Picasso, Dalí, Gris, González, Miró, Domínguez, Bores o Blanchard vivieron de un modo más libre la cuestión de la identidad nacional, y sus obras se consagran bajo el rótulo de la vanguardia internacional.

En los años cincuenta, surge en Madrid un grupo dedicado al realismo, encabezado por
Antonio López, y en los sesenta, el Equipo Crónica, en España, y Eduardo Arroyo, en el extranjero, reelaboran el Pop art con un acentuado tono político. Finalmente, la integración de España al circuito del arte internacional es un fenómeno reciente, que se consolida con el arribo de la democracia.

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