25 de junio 2001 - 00:00
La fuerza de Picasso, al natural en gran muestra
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"Cabeza llorando".
El secretario de Cultura de la Nación, Darío Lopérfido, habló en representación del Presidente y observó que la confluencia del sector público y privado posibilita el acceso a la cultura del público en general. El secretario de la Ciudad, Jorge Telerman, anunció que marcha a Barcelona con un numeroso grupo de artistas. Como representante de la Cancillería, Teresa Anchorena, luego de considerar que «esta exposición es la muestra del año», agregó: «Si vamos adelante, los problemas se van a resolver. Debemos poner todo nuestro esfuerzo para que las relaciones continúen como deben ser».
En este contexto, el consejero de la Embajada de España, Román Oyarzún, priorizó la hermandad y afinidad con la Argentina. Luego, desde el ámbito empresarial, la presidenta de Arte Viva y responsable del envío español, Frances Reynolds Marinho, subrayó la necesidad de fortalecer las alianzas entre la Argentina, España y Brasil, las culturales y también las financieras.
El presidente de Telefónica de la Argentina, Carlos Fernández Prida, puso el acento en la política de la empresa, a la que denominó «multidoméstica», en oposición a multinacional, añadió que 90% de los trabajadores es argentino y que la cultura es el medio de comunicación que han elegido. El retorno al tema que motivó la reunión, la excelencia del arte español, estuvo a cargo de la curadora de la muestra, María José Salazar, y de Jorge Glusberg, quien señaló cuán difícil resulta en América latina que los grandes museos de Europa presten sus obras cumbre. Junto al público, los directores generales de relaciones institucionales de Telefónica de España, Calixto Ríos y Arturo Moreno Garcerán, y del área de Gestión, José María Magallón, escuchaban con interés.
En arte, se suele denominar al siglo XX como el siglo de Picasso, y la muestra se abre con dos óleos de especial importancia: el «Retrato de Fernande», un rostro que parece tallado en piedra donde se advierten los volúmenes cubistas, e « Instrumentos de música sobre una mesa», pintura que evidencia el criterio simplificador característico del arte moderno. Con estas obras, compiten varios bocetos del « Guernica».
Picasso comenzó a trabajar en el «Guernica» en mayo de 1937, a escasos días de que los nazis bombardearan la ciudad; los dibujos que llegaron a Buenos Aires alcanzan a mostrar la intensidad emotiva del cuadro original, obra sin parangón en la historia del arte.
La misma fuerza expresiva es posible descubrir en los trabajos de «La generación abstracta», tendencia afín a las necesidades de los artistas durante el régimen franquista y representativa del «ser español». Con sus empastes, su materia áspera y los tonos sombríos en las gamas de los negros, tierras y grises, los artistas como Antonio Saura, Manuel Millares, Luis Feito o Martín Chirino, entre otros, entronizaban el drama y triunfaban en el extranjero con una reconocible identidad española.
Nuevos
Luego, algunas de las obras de las últimas generaciones, como la de Miquel Barceló, Cristina Iglesias y, de un modo menos explícito, la ciudad gris de Miquel Navarro, pueden ser vistas como herederas de esa tendencia. En París, el exilio gestó el olvido. Picasso, Dalí, Gris, González, Miró, Domínguez, Bores o Blanchard vivieron de un modo más libre la cuestión de la identidad nacional, y sus obras se consagran bajo el rótulo de la vanguardia internacional.
En los años cincuenta, surge en Madrid un grupo dedicado al realismo, encabezado por Antonio López, y en los sesenta, el Equipo Crónica, en España, y Eduardo Arroyo, en el extranjero, reelaboran el Pop art con un acentuado tono político. Finalmente, la integración de España al circuito del arte internacional es un fenómeno reciente, que se consolida con el arribo de la democracia.




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