El maestro golpeó e insultó a uno de sus alumnos: "es un monstruo", dice la madre del chico, y reclama su expulsión. "Los padres son unos monstruos", dice un docente, impresionado por las agresiones y exigencias que recaen sobre el personal. "Mi hijo es un monstruo", comenta el papá del más chiquito de la clase, mientras riega las plantas.
"La inocencia": entre monstruos anda el juego
El nuevo film del exquisito director japonés Hirozaku Kore-eda está relatado en tres episodios convergentes, y aunque no tiene el lirismo que le imprime en sus propios guiones se reconoce su mirada comprensiva y compasiva
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Cada tanto una canción pregunta por el monstruo. ¿Quién la canta? ¿Cómo debe entenderse una acusación? ¿Y qué tan cierto puede ser algo que, según parece, empezó como un chisme, un malentendido, o un prejuicio?
“Monstruo”, de Hirozaku Kore-eda, aquí llamada “La inocencia”, comienza con la vista de un incendio. En el tercer piso había un burdel, dicen algunos, y aseguran que el maestro era uno de los clientes. Lo vieron salir con una de las chicas, pero quizás era la novia, y ambos solo pasaban por ahí cerca. Ya se sabe, todo depende de quien lo mire, y desde qué punto de vista.
Por eso esta historia se divide en tres capítulos, cada uno de los cuales empieza con el mismo incendio. Primero, el capítulo de la madre viuda que denuncia al maestro y se irrita con las ceremoniosas pero insatisfactorias disculpas de los directivos. Luego, la parte del acusado, que niega los hechos, pero aun así los superiores le ordenan “confesarlos”, para que el caso no suba hasta el Consejo de Educación (dicen que la madre ya puso un abogado).
Y, tercer capítulo, la amistad del supuesto agredido con el monstruito, que quizás no sea tal, según se mire, así como la amistad puede llevar a otros “quizás” inconfesables. Uno de ellos, la autoría del incendio (uno de ellos, pero no el único, ni el más inquietante para los chicos, que están justo “en esa edad”).
Los episodios se enhebran, muestras las distintas caras, en parte se explican y desarman alguna interpretación inicial. Paralelamente, la directora de la escuela muestra un comportamiento raro. Está de duelo por la muerte del nieto en un accidente atribuido a su esposo, pero hay algo más. Y el chico, frente al pequeño altar familiar, se pregunta por las reencarnaciones. ¿Bajo qué forma habrá vuelto su padre?
Con estos elementos, Kore-eda hace su película, la primera que vuelve a rodar en Japón después de unos años trabajando fuera, y también la primera con guión de otra persona. Esto último se nota. Salvo unas muy pocas escenas, “Monstruo” carece del lirismo y la dulzura habituales en él. Se mantiene, en cambio, la mirada comprensiva, y compasiva, sobre todos los personajes, las malas experiencias que les toca vivir, y las resoluciones que toman, no siempre acertadas.
Para su estreno local “Kabutsu" tomó otro título, bastante revelador: “La inocencia”. Con ese mismo título, “La inocencia”, hay acá un hermoso documental de Eduardo de la Serna, que registra el primer año de escuela de dos nenas muy parecidas: una en la ciudad, otra en la precordillera. Sus primeras experiencias fuera de casa, sus primeras letras, los asombros, los juegos, la timidez y también las picardías, las peleas, en suma, ese mundo infantil que cada una vive de distinta manera. Una belleza de película, que sería bueno rescatar.
“La inocencia” (“Kaibutsu” [Monstruo], Japón, 2023). Dir.: Hirozaku Kore-eda; Int.: Sakura Andô, Eita Nagayama, Soya Kurokawa.


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