12 de diciembre 2000 - 00:00
La instalación, símbolo y compendio del siglo XX
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Obra de Georg Herold.
Estas manifestaciones son una suerte de símbolo y compendio, de resultado y proyección de las sucesivas transformaciones asumidas por el arte desde comienzos del siglo XX, transformaciones que superaron con largueza, en número y en consecuencias, a las de los cinco siglos anteriores, desde que la pintura y la escultura obtuvieron su estatuto de artes liberales.
Uno de los principios básicos de la instalación es el de construcción. No existe en la pintura ni en la escultura y sí en la arquitectura. La instalación es obra sólo cuando ha sido montada y articulada en el recinto donde ha de exponerse. Sin embargo, a este principio se opone, por así decirlo, el de transitoriedad: la instalación permanece a la vista durante un período breve.
Esta interacción puede ser llevada a extremos desconocidos por medio de los sistemas de realidad virtual, empleados con objetivos artísticos desde los albores de la presente década, aunque su grado de desarrollo estético es todavía reducido (las primeras experiencias públicas fueron realizadas en julio de 1992, en la Galería Jack Tilton, de Nueva York).
Gobernados por computadores, tales sistemas, como lo indica su nombre, permiten crear escenarios espaciales, con el uso, por el participante, de sensores, estereofonía, estereoscopía y video. Cuando son generadas por el artista, estas realidades virtuales se convierten en instalaciones.
La utilización del video (las videoinstalaciones) establece tres principios más: el del tiempo real, el de la cuarta dimensión artística (espaciotiempo), y el de la capacidad narrativa. Es obvio que ninguno de estos principios corresponde a las formas tradicionales del arte.
Queda, por último, reiterar el ya mencionado principio de la pluralidad de medios y recursos, exclusivo de las instalaciones. A finales de 1992, en el vasto lobby de la sede del Chase Manhattan Bank, en Brooklyn, fueron inauguradas dos instalaciones comisionadas por esa empresa: una, del coreano-estadounidense Nam June Paik, fundador del videoarte; otra, de Dan Flavin, el artista norteamericano que acuñó el término «instalaciones», en 1968, para designar sus obras espaciales con tubos fluorescentes (así es la que realizó para el Chase).
Si este episodio señala una etapa más en la tarea por incorporar piezas de arte a los espacios públicos de un edificio de oficinas (Flavin trabajó con los arquitectos del Estudio Skidmore, Owings & Merrill, diseñadores del inmueble, para el emplazamiento de su obra), también alude al hecho por antonomasia de las instalaciones: la generación del lugar.




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