22 de octubre 2002 - 00:00
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«Canciones degeneradas» es un excelente espectáculo de teatro musical que recobra varias de esas canciones irónicas, y vigentes. Tras una exhaustiva investigación que llevó a su director, Fabián Luca, dos años de trabajo, se está presentando desde agosto en el auditorio de la Librería Gandhi. En diálogo con este diario, Luca explicó: «Con la palabra 'degeneradas' estoy proponiendo un doble juego: por un lado, está la acepción para los alemanes, pero por el otro, uso un término que para nosotros tiene una connotación relacionada con lo sexual, lo oscuro, lo perverso. Es interesante que el mismo término que dijo que había música que no se debía escuchar, ahora atrae gente».
Periodista: ¿Cómo surgió la idea de montar un espectáculo basado en la música prohibida del Tercer Reich?
Fabián Luca: Soy un ávido consumidor de música clásica y popular. Además, vengo de abuelos italianos y del sur de Alemania así que es un género que tengo incorporado desde chico. Yo hablaba mucho alemán de chico con uno de mis abuelos, y seguramente tengo afinidad con esa música también por los genes. Hace tres años descubrimos que estas canciones contaban cuestiones muy similares a las que estamos viviendo en la Argentina. Entonces empecé a investigar más sobre lo que ya conocía y en un viaje que tenía que hacer por trabajo a Europa me escapé a Berlín, Munich y Viena a recolectar material.
P.: ¿Cómo le fue?
•Armado
F.L.: Empecé a trabajar con el director musical, nos encontrábamos en horarios de cabaret, a la madrugada, entre trabajo y trabajo, y estuvimos un año y pico haciendo arreglos. Tratamos de ser muy fieles a lo esencial de esa música, partimos del material virgen, o sea, la partitura y arreglos orquestales de los compositores. Lo más cómodo con este género, donde hay mil versiones posteriores, es tomar una versión, por ejemplo de Ute Lemper, y recrear sobre eso. Pero lo que hicimos fue ir a la fuente y luego empezamos a hacer un trabajo de aggiornamiento de esas obras.
P.: Habla de aggiornamiento pero lo atractivo del espectáculo es justamente la vigencia de esas canciones escritas 70 años atrás.
F.L.: Es increíble cómo gente de otra época, de otra realidad y de otro país, habla de cosas que suceden hoy en día y parecen escritas ayer. Eso es mérito de los letristas, que han sido muy intiuitivos pero también la vigencia corresponde a que nos tropezamos con la misma baldosa como sociedad y como humanidad. Volvemos a los mismos problemas. El parecido de esa épopca con ésta radica en que la situación argentina es muy despiadada. Me genera lo mismo que Discépolo, que reflejó cosas que se siguen repitiendo de manera calcada. Los titulares que usamos, que generan risa, son de canciones escritas en 1927 por Spoliansky.
P.: La figura de la mujer es más fuerte que la del hombre en este repertorio, ¿a qué lo atribuye?
F.L.: Hace mucho me vengo preguntando por qué en tantos espectáculos la figura de la mujer está tan presente. Creo que para el hombre es muy enigmática, es paradigma de muchas cosas, es muy llamativa y lleva siglos desentrañar el misterio. Los compositores de estas caciones son hombres y por algún motivo hablan de personajes femeninos, de la psicología de la mujer, del doble, del juego del espejo. En este espectáculo igual hay mucho de lo ambiguo entre lo femenino y masculino y el erotismo del lesbianismo, de los juegos mujer con mujer.
•Sexualidad
F.L.: Sí, parece muy de hoy pero lo meritorio es que ya se hablara de estas cuestiones en una época mucho más difícil que la actual. Hoy no le sorprende a nadie ver un chico besándose con otro chico o dos chicas de la mano. Se habla de la bisexualidad y homosexualidad a las tres de la tarde en televisión con ligereza y nadie se espanta.
P.: El espectáculo es una producción independiente y cuenta con escasos recursos, ¿fue por eso que eligió un espacio chico como es Ghandi?
F.L.: Es una elección que escénicamente me parece interesante. Es muy fácil que en un escenario enorme con una tecnología importante se genere algo mágico, pero, en un espacio pequeño, es doblemente meritorio. En casi una pasarela, es un mérito y una elección porque el cabaret ha nacido en espacios así, ha sido tocado en pianos desvencijados, en lugares de mala muerte, tarde a la noche, de madrugada, con gente perseguida políticamente o por su elección sexual.


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