"La música vuelve a lo simple para recobrar público"

Espectáculos

"La música culta contemporánea está volviendo, poco a poco, a conectarse con el público. Creo que es algo bueno que empiece a bajar del Olimpo del puro experimentalismo". Quien dice eso es el compositor y pianista argentino Carlos Franzetti, que vive desde 1974 en los Estados Unidos. Desde allí, desarrolló una carrera en la que conviven el jazz, los arreglos y direcciones musicales para los artistas más diversos, y la música sinfónica. Su labor le valió nominaciones y premios Grammy. El viernes 9 y sábado próximo estará tocando al frente de un trío de jazz -con Arturo Puertas en contrabajo y Fernando Martínez en batería- en Jazz Voyeur.

Desde Nueva Jersey, dialogó con este diario.

Periodista: Su vida artística estuvo signada por una gran variedad de músicas, pero muchos siguen considerándolo un músico de jazz. ¿Usted también se siente así?

Carlos Franzetti: Quizá tenga que ver con que el jazz fue la música que estuvo en mis comienzos; y, por cierto, es algo que ocupa una parte importante de mi labor. Pero prefiero considerarme lo que soy, un músico ecléctico. En todo caso, la música es una sola y los géneros o los estilos son vehículos para narrar lo que queremos decir o para expresar lo que sentimos.

P: ¿De qué depende, entonces, que vaya abordando unas u otras músicas?

C.F.: De muchos factores. A veces tengo que hacer música por pedido y entonces puede ocurrir que tenga que trabajar en algo que no sería lo que más me entusiasma en ese momento. A veces, después de pasarme mucho tiempo componiendo, en un trabajo que es siempre solitario, siento la necesidad de tocar, de subir a un escenario, de compartir con otros músicos y así vuelve el jazz. La composición es un trabajo intelectual, en el que uno puede borrar, corregir, volver a escribir. Tocar en vivo es lo contrario. Y pasar de una cosa a otra suele ser muy estimulante.

P.: ¿Qué le produce escuchar su obra tocada por otras personas?

C.F.: Tiendo a escribir pensando en determinado solista o determinada orquesta. Así que, casi siempre, me siento muy satisfecho. Inclusive, en muchos casos, he sentido que mi trabajo se veía mejorado con la interpretación.

P: ¿Es inevitable que la música culta de hoy se toque en el estreno y encuentre muy pocas -o ninguna- reinterpretaciones posteriores?
C.F.: Casi 90% del repertorio que se escucha en los ciclos de conciertos es de autores clásicos. El público sigue prefiriendo eso y los programadores, por supuesto, quieren darle el gusto.

P: ¿Y a qué atribuye ese alejamiento del público de sus contemporáneos?

C.F.: A lo mejor tiene que ver con que, durante mucho tiempo en el siglo pasado y con el advenimiento de las músicas no tonales, la música se transformó en un algo hermético, por momentos abstracto, como si fuera una experiencia de laboratorio. Me parece que en los últimos tiempos se está volviendo a la simplicidad. Hoy ya no es raro encontrar elementos de «nacionalismo» en la música sinfónica. Lo latino, por ejemplo, es muy fuerte en Europa y los Estados Unidos, algo que hubiera sido muy cuestionado unos años atrás.

P.: También se está metiendo en el jazz.

C.F.: Sí, por supuesto. Artistas como Miguel Zenón, David Sánchez, Danilo Pérez o Wayne Shorter apuestan fuertemente a lo latino. Las músicas de nuestros países tiene una larga tradición en Norteamérica, desde la bossa nova, Dizzy Gillespie, Paquito D'Rivera o la fuerte influencia que ejerció Astor Piazzolla, pero ahora está en un momento de gran explosión.

P: ¿Por qué los músicos latinos siguen eligiendo Nueva York como el centro para desarrollarse como músicos de jazz?

C.F.: Creo que no tanto por las oportunidades de trabajo que puedan darse aquí sino por la concentración de músicos, que permite una dinámica muy interesante para cualquiera y porque Nueva York es una plaza muy buena para salir a tocar en otras partes, sea en Europa o en Japón.

P.: Más allá de estos conciertos que hará en Buenos Aires, ¿por dónde circula su presente musical?

C.F.: En pocos días saldrá un disco que hice con la Filarmónicade Praga, es una obra que se llama «Sunny Site». Hace poco, también, terminé la ópera para chicos «Gauchito y el Pony»; es una fantasía lírica en la que el personaje va recorriendo varios países y eso me permitió escribir sobre diversos géneros de América Latina. Un poco antes, estrené una ópera para adultos, «Corpus Evita», una suerte de mini «Boris Godunov», con una temática más política. Así que ahora, después de todo este tiempo componiendo obras extensas, hago un corte y voy a tocar jazz a Buenos Aires. 

Entrevista de Ricardo Salton

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