Típica «pieza de sillones», en la que todos los persona-jes están permanentemente de cara al público, las pausas son innecesarias, el diseño de los personajes esquemático y previsibles sus acciones. Justo es reconocer que los intérpretes (Alejandro Fain, Roxana Pardo y Analía Belasteguin) juegan la pieza con entusiasmo y convicción.
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Siguiendo la receta de los así llamados «actores comerciales» y salen airosos. El producto es semejante al que brindaban los ciclos de Darío Vittori y Ricardo Arauz aplica en su dirección la receta adecuada. Como Julita, Roxana Pardo es quien muestra mayor versatilidad y cambia de actitud según las circunstancias lo requieren, es desenvuelta y comunicativa.
El grupo Ricaronale cuenta evidentemente con el apoyo de un público que lo sigue y festeja sus ocurrencias y no es poco logro llenar una sala «off» y brindar a los espectadores un poco de diversión. Pero la propuesta es anticuada y la obra muestra el paso del tiempo.
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