12 de julio 2002 - 00:00

"La obra de María Elena Walsh no pasa de moda"

Fabián Gianola
Fabián Gianola
A unque menos ocupado que otros años, Fabián Gianola nunca tiene más de diez minutos sin tener que correr hacia otra parte. Ni siquiera durante el feriado en que debe publicitar la obra «Canciones para mirar» puede relajarse: está agitado de antemano porque debe atravesar la ciudad para participar de un partido de fútbol con famosos, a beneficio de un hogar de niños que apadrina.

Es cierto que ya no hace dos programas televisivos simultáneos, más uno radial, más otro de cable, además del teatro. Pero ahora, a sus jornadas de grabación de «Televisión Registrada», debe sumar el musical infantil «Canciones para mirar», que estrena mañana junto a Claribel Medina y presentará diariamente en vacaciones.

La obra escrita por María Elena Walsh, cuenta con dirección de Manuel González Gil y Rubén Pires, y se verá en el teatro El Nacional los sábados y domingos en doble horario de las 15 y las 17. Este espectáculo constituye la sexta incursión de Gianola en el género: actuó en «El zorro», «Hansel y Gretel», «La familia Frankenstein», con Georgina Barbarossa, «La flaca escopeta, con Linda Peretz y «El jorobado de Notre Dame». Dialogamos sobre la obra, la crisis del país y por supuesto la televisión.

Periodista: Una obra infantil con canciones de María Elena Walsh. ¿Ahora, cuando reina «Bandana», a los chicos les siguen gustando?


Fabián Gianola:
Sin duda. Esas canciones de María Elena que yo escuchaba cuando era chico ahora les encantan a mis hijos. Para mí es un premio hacer cantar a María Elena, que es una emblemática, una histórica y reina del género infantil. Creo que a todos nos marcó en algún momento de nuestras vidas «El reino del revés», «Manuelita» o «El twist del Mono Liso». Lo nuestro siempre atrae porque carga con parte de la idiosincracia propia. Lo mismo ocurre con la televisión, tienen más rating las series locales que las extranjeras; al argentino le gusta ver a sus actores y oir canciones que le sean familiares. A mis hijos les gusta María Elena Walsh y yo los acerco a esa clase de música.

Propuesta

P.: ¿Cómo tomó la convocatoria para trabajar en una producción de Alejandro Romay?

F.G.:
Acepté inmediatamente, primero, por la propuesta de hacer un espectáculo de María Elena Walsh y segundo, porque me sorprendió lo que Romay hizo con la sala de El Nacional. Yo no había visto el teatro después de las refacciones y me sorprendió muy gratamente. Creo que cada actor tendría que agradecer a Romay lo que hace por nuestro teatro y por darnos la posibilidad de pararnos en semejante escenario y en semejante sala. Lo que no sé es cómo va a recuperar todo lo que invirtió con la crisis que no da tregua.

P.: Es verdad, y todavía se siguen encarando propuestas teatrales y la oferta infantil para vacaciones de invierno no se ha empobrecido.


F.G.:
A mí me da la sensación de que pese a que no ha mejorado la situación del país, la gente saca dinero de donde tiene para llevar a sus hijos al teatro o al cine. Todavía no resignamos el arte y el espectáculo, por fortuna. Yo no me puedo quejar porque siempre me estoy moviendo, trabajo no me falta aunque ahora tengo sólo «Televisión Registrada» y el teatro.

P.: Ya que menciona «Televisión Registrada», ¿cómo tomó las críticas por los excesivos chistes de humor negro en las últimas notas?


F.G.: «TVR»
es un programa, ante todo, provocador, polémico y que además invita a la reflexión. Estamos siempre al filo, nos preguntamos «¿no será mucho?, ¿lo decimos así, lisa y llanamente?» Pero si revertimos el estilo, el programa no sería el mismo. Creo que hemos encontrado un tono, una forma, que es típica nuestra, auténtica y nos identifica; si la cambiamos perderíamos personalidad y credibilidad. Pero por ese tono ácido y a veces macabro se pagan las consecuencias: el público hace una elección y la prensa tiene derecho a criticar.

P.: «TVR» es uno de los pocos programas de humor político. ¿Le gustaría retomar en el futuro la posta de Tato Bores?

F.G.:
En realidad no me siento preparado y no me veo como un capocómico, en todo caso, el público decidirá. Hay otros programas buenos de humor político que, cada uno con su estilo, parodian la realidad como «El show de Videomatch» o «Caiga quien caiga».

P.: A principio de año estaba muy entusiasmado con la tira «Maridos a domicilio» porque podía explotar al máximo su veta actoral, que es la que más disfruta. ¿Cómo tomó el abrupto levantamiento de la serie en Azul, que protagonizaba con Juan Leyrado?


F.G.:
Desde enero sabíamos que estábamos entre la espada y la pared. Lamenté cuando la levantaron porque nos divertíamos mucho pero hubo que aceptar que la decisión respondía estrictamente a un tema económico y no de rating. Las tiras son muy caras y difíciles de mantener, sobre todo en tiempos de crisis. Así que la decisión respondió estrictamente a que no había dinero, el presupuesto no podía recortarse más y el canal no lo podía bancar. El rating era bueno, éramos los segundos más vistos después de «Chiche» Gelblung.

P.: Ya que habla del rating y de la dificultad de producir en tiempos de crisis, ¿qué opina de la batalla entre «Son amores» y Marcelo Tinelli, que además aprovechan los programas de chimentos y otros medios para publicar notas?

F.G.: Los medios a veces exageran pero es lógico que haya competencia entre dos grandes como son Adrián Suar y Marcelo Tinelli. Son dos genios y saben trabajar y convocar un público masivo.

P.: Y usted por las dudas queda bien con ambos...


F.G.:
He trabajado con Tinelli y es un tipo bárbaro. No lo culpo por ponerse mal cuando no es primero, viene en la cima hace diez años. Sin embargo, no creo que tal batalla sea cierta cuando la diferencia entre los dos programas es de tan sólo un punto. A veces los medios inflan más de lo debido.

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