9 de junio 2003 - 00:00

La ópera que fue "arte degenerado"

En Bomarzo es difícil conseguir hospedaje en alguno de sus escasos albergues. Más sencillo es trasladarse hasta la pequeña ciudad vecina de Soriano, o un poco más lejos aun, a Viterbo. En realidad, Bomarzo no dista mucho de Roma y se puede ir y volver desde allí en el día, sin apuros, aunque el deseo de pernoctar junto al Parco dei Mostri es siempre seductor.

Ese parque, donde se alzan las monstruosas estatuas que atormentaron la niñez del duque Pier Francesco Orsini, está dominado por una imponente figura de piedra que concentra todas las miradas, la Boca del Infierno, una especie de Moloch renacentista que hoy, más humildemente, funciona como fondo de fotografías turísticas, y que fue motivo de la portada en la primera edición de la novela de Mujica Lainez, y también de la escenografía original en Washington y Buenos Aires.

El pequeño museo adyacente al parque concentra, desde 1967, una gran colección de piezas referidas a la ópera, programas, reseñas periodísticas, fotografías autografiadas, y el álbum de tres LP de su grabación con el elenco original, con dirección de Julius Rudel y protagónico del tenor mexicano Salvador Novoa. Y, desde luego, la mancha de la vergüenza, numerosos recortes de diarios que dan cuenta de la infame prohibición de la obra en su propio país.

«Bomarzo», resultado de un encargo de la Opera Society de Washington a Alberto Ginastera (quien ya había compuesto una cantata inspirada en la misma obra), se estrenó en el Lisner Auditorium de la capital norteamericana el 19 de mayo de 1967. Ese mismo año, el gobierno de Juan Carlos Onganía no toleró que en el Teatro Colón se representara una ópera tan «enfermiza». La calificación clínica no difería de la que recibió, por ejemplo, «Jonny Spielt Auf» de Ernst Krenek en la Alemania de 1933, entre tantas otras composiciones de «arte degenerado».

Aunque en aquel momento Mujica Lainez todavía no había hecho pública su homo-sexualidad, el tema es inocul-table, y central, en esta ópera.

Dos pasajes, en particular, irritaron a los censores: una celebración figurada, en la que el protagonista es forzado a vestirse de mujer para desposar figuradamente a su hermano Girolamo, y la escena en la cama de la prostituta florentina Pantasilea, cuando el duque fracasa en la consumación del acto sexual.

El caso «Bomarzo» representó la primera vez que se prohibía una ópera en el Teatro Colón, pero no fue la única: algunos años más tarde, «Los demonios de Loudun» de Krzysztof Penderecki, basada en la novela de Aldous Huxley y en cuya régie trabajaba Margarita Wall-man, correría la misma suerte. El efecto fue devastador, sobre todo para el mismo gobierno, que silenciosamente se terminó arrepintiendo de que con esa decisión se había puesto en contra, inclusive, a buena parte de la cultura local que, por los mismos años, aceptaba resignadamente la censura a películas y obras de teatro.

«Bomarzo»
recién se pudo estrenar en el Teatro Colón cinco años más tarde, con Alejandro Lanusse en la presidencia y Saturnino Monte-ro Ruiz en la Municipalidad. Fue el primer título de la temporada 1972, y su primera representación, que hasta te-levisó en directo el estatal «Canal 7» con presentaciones de Jorge D'Urbano, tuvo lugar el 29 de abril de 1972. La dirección fue de Antonio Tauriello, la puesta en escena original de Tito Capobianco y también con Novoa en el protagónico. Se repuso en una única oportunidad, en 1984, con dirección de Tauriello y régie de Roberto Oswald.

La nueva versión estará cantada en los papeles principales por
Carlos Bengolea (13, 15, 17, 20) y Ricardo Ochoa (14, 18, 25) como Orsini; Carole Farley (13, 15, 17, 20) y Myriam Toker (14, 18, 25) como Julia Farnese.

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