«La Ouija» («Long Time Dead», Inglaterra, 2002, habl. en inglés). Dir.: M. Adams. Int.: A. Newman, L. Haas, J. Absolon, T. Bell, L. Belmont, J. Hillier. PM/13.
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Peter Cushing y Christopher Lee nunca hubieran intercambiado diálogos como éste: -«¿No sentís que algo se quema?». -«Debe ser el porro que te estás fumando». Lo que pasa es que el terror inglés ya no es lo que era. Lejos de los hallazgos góticos de la Hammer, e incluso olvidando los esfuerzos de Clive Barker por modernizar el género, «La Ouija» simplemente intenta adaptar con un poco de acento cockney y una breve muestra del ambiente de las fiestas tecno, lo más tonto del terror adolescente que tanto dinero ha dado desde «Scream» y sus innumerables subproductos.
Es una pena, porque por momentos «La Ouija» tiene humor, buenas dosis de gore y cuatro o cinco secuencias funcionan correctamente. El problema es que el guión hace agua por todos lados, y eso que el único barco en el que transcurre la acción siempre está anclado a un muelle. Cada vez que algún detalle está a punto de ponerse más o menos interesante, su desarrollo resulta tan elemental y poco creíble que el espectador no puede hacer otra cosa que conformarse con las muertes sangrientas que tienen lugar -con un buen promedio, una o dos por acto del film -a partir de que unos chicos pasados de drogas no tienen mejor idea que apelar a un jueguito espiritista para amenizar una fiesta rave no tan entretenida como esperaban.
La fiesta termina mal cuando la copita del juego escribe vertiginosamente cierta palabra, y un demonio marroquí viene del más allá a exterminarlos uno a uno. Los fans del terror saben perfectamente de qué se trata esta película sin muchas más explicaciones, y lo único que se puede agregar es que por lo menos el final es bastante más convincente que el resto.
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