"La revolución no nos salió como queríamos"

Espectáculos

En el reciente Festival Internacional de Cine de Punta del Este interesó «Páginas del diario de Mauricio», obra sencilla y sincera, sobre la crisis de un hombre común en Cuba. Charlamos con su autor, el veterano Manuel Pérez.

Periodista: Antes de entrar en materia, ¿usted es el mismo Manuel Pérez que coescribió «Operación Fangio»?

Manuel Pérez: Soy coautor al 50 por ciento. Empecé en Argentina, con Héctor Olivera,que después se desvinculó del proyecto, y seguí en Cuba con Alberto Lecchi. Conozco bien la época, fui contemporáneo de los hechos, y además conocí a uno de sus secuestradores, supe bastante sobre ese episodio, que en su momento se destacó como un éxito revolucionario, pero hoy lo veo como un acto de irresponsabilidad impresionante. Por suerte Fangio era un tipo calmo, sereno, e introdujo cierta tranquilidad en esa gente joven. Gracias a él, todo salió maravillosamente bien, pero cuando lo pienso ahora, con 67 años de edad, me aterroriza.

P.: Ahora, hizo «Páginas del diario de Mauricio». ¿Quién es Mauricio?

M.P.: Es un reflejo de mis amigos, y no amigos. Están los que dicen «esto no es viable», o «ya no tengo fuerzas», como uno que al irse a Miami nos dijo «Yo estuve luchando varios años por la construcción del socialismo. Si ahora vamos a luchar por la construcción del capitalismo, mejor me voy a donde ya esté construido». Después estamos los medianamente optimistas, aferrados a la idea de cambiar muchas cosas. Y después, gente comprometida hasta la muerte con el gobierno, no se van a bajar del barco pero ya viven más despacio. En Cuba hay quienes están bien, como los del turismo, porque tienen conexión con la moneda dura. A los otros, con el Período Especial nos bajó el nivel de vida. Se nos pega más la humildad. Mauricio no tiene grandes carencias, pero tampoco puede darse lujos. Tiene criterios, pero no tiene poder para cambiar algo, ni siquiera en su familia, que se ha dispersado. Le pasan cosas, pero no puede hacer que las cosas pasen. Y es como que le movieron el piso. Aún así, se dice «feliz por haber sido consecuente».

P.: ¿Sigue creyendo en «la Revolución?»

M.P.: Pero por obstinación, como él dice. Hay edades en que uno sigue aferrado a sus valores, aunque la realidad le niegue la razón. Quienes teníamos 19 años en 1959 vivimos un proyecto muy optimista. En la plenitud de la juventud todo parecía posible, y no solo en Cuba, recuerde que somos contemporáneos de los '60. Después vino todo lo que había que reajustar. Tener 19 en 1989 fue totalmente distinto. Para unos el viejo proyecto del socialismo es una posposición, para otros un fracaso.

P.: ¿Cómo resiste Mauricio?

M.P.: En Cuba dicen «hay que quedarse y a la vez escapar», en el sentido de atenuar nuestra visión. El se aferra al deporte, que siempre fortalecela identidad nacional. Lo que llamamos logros de la Revolución. Fíjese que, de todas las derrotas que hemos sufrido, la peor fue perder el partido de béisbol con Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Sydney (mucho peor de lo que sería para ustedes perder al fútbol con Inglaterra). Por suerte nos desquitamos ganándole a Rusia en voleibol femenino.

P.: A propósito, ¿cómo quedó la relación con los rusos?

M.P.: En los jóvenes no dejaron ninguna huella, salvo aquellos cuyas familias estaban vinculadas al Soviet. En los mayores, culturalmente no dejaron nada, y en materia técnica e industrial se los recuerda como agradables pero ineficientes. La gente les decía «los bolos»: redondos, lisos sin relieve, macizos, sin porosidad. En los mayores, más que aprecio se siente la gratitud por la ayuda que brindaron (en particular en los viejos cuadros de las Fuerzas Armadas), pero también hay un gran sentimiento de decepción, por sus burócratas y políticos torpes, corruptos, e hipócritas. Esos son los que arruinaron el proyecto de socialismo.
Quedan los matrimonios mixtos, aunque muchos de ellos fracasaron. Es difícil amoldarse entre eslavos y caribeños.

P.: Volvamos al deporte según Mauricio.

M.P.: El deporte como refugio. Pero cuando se acaba el partido y tú apagas el televisor, te quedas solo. El dice «Estoy solo», y así termina mi relato. No va a decir «Mañana voy al Trabajo Voluntario». Eso es la vida. La Revolución no nos salió tan llena de colores como uno quería.

P.:
¿Y qué dijo el público cubano?

M.P.: Cuando hice debates, resultó que casi todos tienen un tío, padre, abuelo similares, y lo ven con más severidad o más comprensión, según cada experiencia. Recuerdo una planilla, anónima, por supuesto: «¿Qué usted piensa de Mauricio?» «Que es tan testarudo como Fidel».

P.: Al menos Mauricio deja traslucir su decepción.

M.P.: Fidel es jefe, no puede transmitir estados depresivos. Si los tiene será en la intimidad. Además es hijo de la Guerra Fría. Eso genera una mentalidad. Mire, el verdadero destino de Cuba era ser como Puerto Rico, un «Estado Libre Asociado» a los Estados Unidos, pero la guerra de 1898 con España fue tan brutal que sembró en nosotros un gran espíritu de independencia. Fidel no cayó del cielo.

P.: ¿Y qué pasará cuando muera?

M.P.: Sus características no son heredables, ni delegables. Claro que la Revolución continúa con Raúl, y un equipo seguramente más descentralizado, pero él actuará de otra manera, primero porque es diferente, y segundo, porque la vida lo impone. ¿Y qué pasará? No hay respuestas fáciles. Algunos dicen que vendrá un capitalismo a la China. Pero China es China, inmensa, poderosísima, y está lejísimo. En cambio Cuba es chiquita, y encima del millón de habitantes que tiene afuera hay varios ultras de peligrosa influencia, alentando la posición soberbia y torpe, también obstinada, de los Estados Unidos, lo que nos coloca en una posición de fortaleza sitiada. Y la democracia, en una fortaleza sitiada, por razones comprensibles es muy reducida. Todo eso influye. Alguien dijo «La historia absolverá a Cuba. La geografía, no». Por suerte la creación artística es compensadora por naturaleza.

P.: Por su asunto y estilo, «Mauricio» daba para telenovela.

M.P.: Totalmente de acuerdo. Así dos millones te pueden ver en una sola noche. Pero, por ahora, nuestra televisión es cautelosa. Algunas novelas se han contaminado de la complejidad de la vida, pero ése no es un rasgo dominante en nuestra televisión. En cuanto al estilo, deliberadamente sencillo, creo que es muy conveniente para una película vinculada con la realidad. Cuando el espectador se sienta en la butaca, todo lo cinematográfico es secundario. Tu simpatía con el personaje no pasa por novedades de estilo, sino por tu relación con la vida. Así es como se establece una conexión emocional.

P.: ¿Y las mujeres de la película?

M.P.: Con la crisis a las mujeres les ha tocado, no tanto por profundas convicciones políticas, llevar adelante las cosas con soluciones prácticas. Y así las describo.

Entrevista de Paraná Sendrós

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