13 de marzo 2026 - 18:50

"La salud de los enfermos" de Julio Cortázar: esa ficción que se inventa para resistir al dolor

“La salud de los enfermos”, de Julio Cortázar, se presenta los domingos en el Teatro del Pueblo, con actuaciones de Gabriel Schapiro, Cecilia Cósero, Paula Thie, Edgardo Marchiori y Martha Sosa Quintana. Es dirigida por Leandro Cóccaro.

Coccaro: Este cuento me resuena debido a que conozco la situación de tener una madre con una condición médica a la que hay que intentar hacerle la vida lo más simple y feliz posible. 

Coccaro: "Este cuento me resuena debido a que conozco la situación de tener una madre con una condición médica a la que hay que intentar hacerle la vida lo más simple y feliz posible". 

“Llevar este cuento del gran Cortázar al teatro también es creer que la ficción puede ayudarnos a resistir y a ser mejores”, dice Leandro Cóccaro, director de “La salud de los enfermos”, de Julio Cortázar, texto llevado al teatro en su versión original, que puede verse los en el Teatro del Pueblo.

Con actuaciones de Gabriel Schapiro, Cecilia Cósero, Paula Thie, Edgardo Marchiori y Martha Sosa Quintana, se trata de una adaptación de este cuento de uno de los autores más grandes de la literatura argentina. Este texto que formó parte de “Todos los fuegos el fuego”, cuarto libro de cuentos del escritor publicado en 1966, celebra los 60 años de su primera edición. Conversamos con el director.

Periodista (P.): En el texto de Cortázar subyacen interrogantes sobre quién produce la ficción, si los familiares para con la madre o hacia el resto de la familia. ¿No nos refugiamos en la ficción para resistir a la contingencia de un contexto hostil?

Leandro Coccaro (L.C.): Estamos en un momento donde la ficción aparece en la vida de las personas permanentemente y lo vemos en las redes sociales, por ejemplo, donde todo el mundo elige mostrar la mejor versión de sí mismo. Pero no quiero pensar al respecto haciendo un juicio de valor sino todo lo contrario. Creo que crear (o crearnos, de cierta manera) una ficción nos da un objetivo o una aspiración. En el cuento de Cortázar la ficción que esta familia inventa tiene un objetivo noble y es el de hacer que la vida de la madre sea menos dolorosa, más allá de las implicancias que eso tiene en el desarrollo de la historia. Y la duda que el relato plantea se vuelve el motor de la historia finalmente: ¿La madre cree en esa ficción o ella misma decide participar del engaño para cuidar a su familia del dolor?

P.: En este sentido, ¿cuál es la marca de Cortázar en este texto?

L.C.: Es un autor muy profundo. Sus relatos siguen vigentes y se actualizan permanentemente y en el contexto actual, tremendamente hostil donde todo parece volverse difícil y doloroso.

P.: Hay varias obras que abordan la cuestión de cómo encarar la enfermedad de una madre, desde “Las hijas” hasta “Los bienes visibles”, “Incógnito”, “Perdidamente”, “En otras palabras” y en padres… “El padre”, “Quieto”. ¿En qué radica la singularidad de esta obra?

L.C.: Radica en que decidimos utilizar el texto original, que no es una obra de teatro, sino un cuento. No hay dramaturgia, ni versión, ni adaptación. El texto de la obra es enteramente el texto original tal cual lo escribió Cortazar. Por supuesto que su pasaje a la escena está mediado por múltiples procedimientos teatrales que permiten crear con un texto literario un hecho teatral. Eso, sin duda, es un distintivo único. Otra singularidad es su simpleza, tan propia del autor. La pluma cortazariana es inconfundible. Autor de relatos directos, llenos de humor y de una profunda emocionalidad, nos lleva de la mano en un recorrido en el que, indefectiblemente, nos vemos reflejados como individuos y como sociedad. Cortázar nos habla a nosotros y de nosotros. Sus historias están profundamente arraigadas en nuestra identidad y se sienten propias y cercanas, de fácil identificación y creo que ahí también radica su singularidad, ya no del texto, sino de esta puesta en escena: Es una obra de teatro puramente cortazariana. Quien esté familiarizado con el autor va a encontrar una obra donde la voz de Cortázar se mantiene íntegra y reconocible, haciendo del espectáculo una opción única de ver, realmente, un texto de (y no sobre) Cortázar en escena.

P.: ¿Cómo te impactó este cuento y en qué radica su cercanía con tu propia historia familiar?

L.C.: Este cuento me resuena debido a que conozco la situación de tener una madre con una condición médica a la que hay que intentar hacerle la vida lo más simple y feliz posible. Y también conozco el enorme costo que eso implica a nivel personal para aquel que lo hace. La pregunta, casi siempre sin respuesta, de “¿Estaré haciendo las cosas de la mejor manera?” sobrevuela mi cotidiano y el de la obra. Y aquí es donde el teatro se vuelve sanador: El autor nos permite una mirada poética, profunda y amorosa sobre una situación dolorosa y me permite poner las cosas en su lugar. Y, de pronto, la pregunta se responde sola: “Estás haciendo lo mejor que podés. Y, sin dudas, vale la pena”.

P.: ¿Cómo pensaste la puesta para adaptar el cuento donde ficción y realidad dialogan invitando al público a ingresar a esa casa, que a la vez es artificio?

L.C.: La puesta fue complejísima ya que fue necesario un proceso muy largo de investigación. No es un texto que haya sido escrito de manera teatral y yo tenía muy en claro que no quería hacer un espectáculo de teatro leído o de relato actuado, por lo que fue necesario lograr un dispositivo escénico que permitiera descubrir la acción dramática, los personajes, el espacio, el uso de la tercera persona y la incorporación del espectador de manera contínua y armónica. El cuento cobró en escena una potencia arrolladora en la voz de los actores y las actrices, quienes le aportan su impronta y su sensibilidad. Y el público participa de la experiencia y la completa. Aquí no hay cuarta pared. O lo hay a medias. El espectáculo nos propone un juego y Cortázar casi una travesura: la de adentrarnos por un rato a un mundo que parece reflejarse en uno de esos espejos de parque de diversiones, que muestran la realidad pero con cierta alteración. Aunque lo parezca, aquí no hay realismo ni naturalismo. Hay caos, hay poesía, hay emoción, mirada social, humor y parodia. En una palabra, hay Cortázar.

P.: ¿Se puede engañar a otro sin engañarse a uno mismo? ¿Cuál es la realidad? ¿Hay realidad no ficcionada?

L.C.: Uno nunca se puede engañar del todo, pero sí puede decidir jugar a ciertos juegos por un rato. Yo lo hago permanentemente. Incluso al hacer esta obra. Por otro lado, creo que la realidad es múltiple. Son capas de muchas realidades que, encimadas, mezcladas, superpuestas forman una sola que es cambiante como un caleidoscopio. Y creo que de eso se trata: de tratar de vivir una vida lo más feliz posible. Y de tratar de ser cada vez más Cronopio y cada vez menos Fama.

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