Aunque con la pericia de viejo hombre del espectáculo, Sergio Renán imprime un estilo riesgosamente pausado y por momentos también algo inverosímil a su film «La soledad era esto».
«La soledad era esto» (España-Argentina, 2001, habl. en español).Dir.: S. Renán. Guión: M. Matji, A. Bortnik, S. Renán, sobre novela de J.J. Millás. Int.: Ch. López, I. Rubio, R. Lanza, A. Fernández, I. Font.
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El título, bien expresivo, pertenece a una celebrada novela de J.J. Millás, premio Nadal 1990, que algunos estudiosos han develado a la luz de la posmodernidad, pero que la adaptación cinematográfica prefiere mostrarnos con luces anteriores, más propias del personaje con quien supuestamente habrán de identificarse las espectadoras. Vale decir, una señora en la mitad de la vida, con sus típicos conflictos familiares, sobre todo el desamor de los seres queridos, pero también con sus comodidades.
El disparador del relato es otro conflicto: la muerte de la madre. Y tras esa muerte, ya de por sí bastante movilizadora, el descubrimiento de unos textos y grabaciones que la extinta guardaba, y que la hija irá escuchando paulatinamente, al tiempo que también debe atender otras cosas que le pasan, y que le hacen reflexionar sobre sí misma. En el fondo, advierte tardíamente, ella terminó siendo tan parecida a su madre... más de lo que pensaba, y mucho más de lo que hubiera querido. Ironías de la vida, que hay que aceptar cuando vamos llegando a la madurez.
La película también parece un poco tardía, en cuanto a estilo, un estilo riesgosamente pausado, con ligeras excitaciones, en sintonía con nuestro personaje, que no pierde del todo la compostura ni aun si imprevistamente debe enfrentar un hecho de violencia (uno de esos a los que ya nadie está inmune en casi ningún lugar del mundo), con sus injustas consecuencias.
También la forma de recitar los textos, suena algo extemporánea, como convencional, más que convincente, así como resulta convencional, pero artificiosa, la forma en que esta buena señora va oyendo las referidas grabaciones. Porque no las oye como cualquier otra persona en similar circunstancia, según corresponde a la lógica y la emoción, sino más bien (pero mal, porque se vuelve inverosímil) según convenga a la trama.
Es una forma que el director Sergio Renán desarrolla con indudable pericia de viejo hombre del espectáculo. Será entonces su público específico, el que decida si es la forma adecuada. En principio, los aplausos van para la protagonista Charo López.
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