5 de julio 2004 - 00:00
"Lang corría detrás de las mujeres... con discreción"
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Vida y obra del gran cineasta son retratados por Jorge Dana (realizador de buenos documentales sobre fútbol y box) en «Fritz Lang, el círculo del destino», que hizo a pedido de la televisión francesa.
Periodista: ¿Cómo se conocieron?
Jorge Dana: Nos presentó un amigo común,Alberto Fischerman, y desde entonces somos como hermanos. El es un editor talentosísimo, y mire que he visto muchos. En algún momento también nos unió la complicidad de los hipódromos, no sé si está bien decirlo. Antes existía, en ambos países, esa mitología del hombre de la noche dedicado al turf, como Jean Gabin, o Alain Delon, dos grandes carreristas. ¡Si habrán compartido trotadores! Pero ahora eso se ha perdido un poco.
J.D.: Empecé con uno sobre Saint-Etienne, un club popular, de zona minera, que fue un verdadero fenómeno social, e hizo una campaña muy buena. Pero después cualquier club quería que le filmara un institucional, y encima que pareciera «Ben Hur», al precio de cuatro francos. Ahora estoy en otra línea: preparo «Me, Tarzan», sobre Johnny Weissmuller. ¡Porque también me apasiona la natación!
P.: Y a Yaccelini, el remo. Pero ahora usted nos trajo algo sobre Lang, autor no solo de «Metrópolis» y «Los nibelungos», sino también de policiales estremecedores como «El doctor Mabuse», «Spione», y «La mujer del cuadro». A propósito, en ese trabajo Claude Chabrol asegura que «el 90% de Hitchcock proviene de 'Spione'». ¿Está de acuerdo?
Jorge Dana: Eso es difícil de corroborar. Creo que alude a cierta «realidad folletinesca» propia de las películas de espías de ambos autores, llenas de alternancias, donde un hecho empuja hacia otro, y así, constantemente, logrando del público una similar complicidad, en base a lo que se llama «suspensión de la incredulidad». Por otro lado lo único en común que parecen tener a primera vista es la obsesión por la culpa, algo que quizá Lang siente a partir del suicidio de su primera esposa, como dice Pierre Rissiert.
P.: ¿El testimoniante que luce una remera con tres chanchitos?
J.D.: ¡No conseguí que se la cambie! Le gusta provocar, aun se recuerdan sus peleas con los de «Cahiers de Cinema», pero sigue siendo muy respetado, y además era gran amigo personal de Lang. Tanto él como el investigador Patrick McGilligan refieren ese episodio de juventud, cuando su esposa se mató, al parecer inmediatamente después de verlo acariciándose con Thea von Harbou, que entonces solo era su guionista.
P.: Y después fue su segunda mujer, hasta que él se fue de Alemania y ella se hizo nazi, y directora (bastante buena, según dicen).
J.D.: Lang nunca habló mal de ella. Incluso decía que «una mujer que ha escrito un monólogo tan comprensivo sobre la mente de un asesino, como el que me escribió para 'M el vampiro', no puede ser del todo nazi». Y yo coincido con McGilligan, que Lang nunca tuvo mejor guionista que ella.
J.D.: Depende. Si lo dice una feminista, significa « mujeriego», en tono despectivo. Si no, un hombre galante, que agrada a las mujeres, y que le agradan las mujeres. A Lang le gustaban, corría detrás de ellas... pero siempre con discreción. Nadie podría escribir un capítulo de «Hollywood Babilonia» acerca de su vida en Norteamérica.
P.: El escribió «Cuando oigo Los Angeles veo grandes decorados de películas e imponentes estudios de cine, y no en absoluto, lo cual es lamentable, a las encantadoras estrellas cuyas manos estreché»... Suena melancólico, ¿verdad?
J.D.: Y amargado. Creo que su regreso a Alemania, en la vejez, no fue feliz. Era otro país, con otros modismos, trabajó menos de lo que esperaba, estaba perdiendo la vista... Quien alterna entre dos países, como dice un poeta argelino, «vive entre dos ausencias».
P.: No entre dos mundos, sino entre dos ausencias. ¿A usted le pasa?
J.D.: Continuamente, pero no me quejo. Me fui muy joven, estudié, integré un laboratorio dirigido por Noel Burch, aprendí montaje, me fui quedando, enseño en Londres y Paris, y acabo de crear una pequeña productora para trabajos diversos, de publicidad, empresariales, didácticos, etc. Tengo algo muy lindo, que quisiera traer, sobre la comedia a la italiana, de Totó hasta Roberto Benigni, pasando por Nino Manfredi,Alberto Sordi ( recordaba cuando acá lo hacían saludar como Perón) y Vittorio Gasmann, que me dijo « Argentina es mi segunda patria». Algo hay. Yo iba por la televisión francesa, y no pasaba mucho. Pero apenas sabían que era argentino, en toda Italia me abrían las puertas de par en par.
Entrevista de Paraná Sendrós




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