Hasta ahora, los únicos miembros del cine nacional dignos de llamarse académicos, eran los hinchas fanáticos de Racing, como Sergio Renán. Pero esta noche, en el Maipo, se sumará otro significado, cuando sea oficialmente anunciada la creación de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina. Culmina así una iniciativa impulsada en octubre del 2000 por el entonces director del INCAA, doctor José Miguel Onaindia, tendiente a jerarquizar relaciones.
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El nombre de la nueva entidad quizá sea algo optimista en cuanto al rubro Ciencias, pero es acorde con la costumbre impuesta desde Hollywod. Según entendidos, su existencia sería relevante, por ejemplo, a la hora de designar con alguna autoridad las candidatas nacionales al Oscar que entrega la academia norteamericana, o al Goya, de la homónima española, lo que hasta ahora se resolvió de distintas maneras, no siempre felices (aunque nadie garantiza que desde ahora lo sean).
Aparte de esto, la academia local también puede ser útil para, según establece su estatuto, promover contactos, estudios, becas, y hasta publicaciones de cierta jerarquía que hoy no tenemos, al menos con regularidad y buena difusión. Esto crea una buena expectativa, y alguna curiosidad, sobre todo cuando, tras enumerar dichos propósitos, el referido estatuto deja espacio para « cualquier otra actividad tendiente a (...) estimular la conciencia de los ciudadanos» (sic), «y la constructiva colaboración entre la Administración Pública y las personas relacionadas con las artes cinematográficas».
Por su constructiva colaboración, precisamente, los dirigentes de una anterior academia argentina de cine (1941-55) fueron todos presos cuando cayó el peronismo. Pero ésta es otra historia, que va en recuadro aparte. Los dirigentes actuales, como ya ha trascendido, son la actriz Norma Aleandro (presidente) el director Marcelo Piñeyro (primer vice), la actriz Cecilia Roth (segunda vice), el productor de Patagonik Pablo Bossi (secretario), el productor de El Puente, Pablo Rovito (tesorero), la directora de arte Mercedes Alfonsín, el de fotografía Félix Monti, los realizadores Daniel Burman y Pablo Trapero, y el actor Leo Sbaraglia (vocales).
Y entre los 420 socios que ya están anotados figuran Luis Brandoni, Guillermo Francella, Leticia Bredice, Isabel Sarli (aunque difícilmente vaya hoy al acto), Adolfo Aristarain, Fabián Bielinsky, Mirta Busnelli, Juan José Campanella, Lito Cruz, Alejandro Doria, Ulises Dumont, Pablo Echarri, Carlos Galettini, Vera Fogwill, Darío Grandinetti, Juan José Jusid, Víctor Laplace, Cipe Lincovsky, Duilio Marzio, Eduardo Mignogna, Mercedes Morán, Héctor Olivera, Santiago Carlos Oves, Gastón Pauls, Susú Pecoraro, Ana Maria Picchio, Enrique Pinti, Luis Puenzo, Sergio Renán, Pino Solanas, Rubén Stella, Carlos Sorín, Eliseo Subiela, y la gran Olga Zubarry, que en esta lista debería tener por lo menos cartel francés.
Como corresponde, hay categorías. Estarán los miembros numerarios, los de honor, los supernumerarios (gente que ya no esté en actividad), y los miembros asociados, que pueden ser escritores, periodistas, industriales, empresarios, etc., y colaborar en algunas actividades, pero no pueden votar ni integrar comisiones. En cambio pagarán la mitad de la cuota, tipo cadete, y cuando uno les hable responderán «dígame académico».
Entre nosotros, el crítico e historiador Jorge Miguel Couselo era miembro de honor de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España, pero nunca lo mencionaba. Cuanto mucho, apenas aceptaba que le dijeran maestro.
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