6 de septiembre 2001 - 00:00

Libro y muestra acercan el arte de Roberto Aizenberg

Diálogos.
"Diálogos".
(06/09/2001) El libro «Roberto Aizenberg. Diálogos con Carlos Barbarito», presentado ayer en la Fundación Klemm, refleja los trabajos y los días del gran artista argentino nacido en Entre Ríos en 1928 y fallecido en Buenos Aires en 1996. Es una compilación de charlas -dividida en seis encuentros-transcurridas en apacibles y fructíferos domingos del período abril-diciembre de 1990 en las que Barbarito profundiza el conocimiento de un artista cuyas reproducciones en una revista lo deslumbraron en su adolescencia. Pero no es la primera vez que este poeta y ensayista, ganador de Premios Fondo Nacional de las Artes y Dodero de la Fundación Argentina para la Poesía, aborda la obra de tan significativo creador argentino ya que le dedica parte de un ensayo premiado en 1989 bajo el título «Acerca de las vanguardias».

Las reflexiones subyacentes en las preguntas de Barbarito constituyen el acicate para que Aizenberg revele su pensamiento de hombre-artista además de seguir un itinerario cronológico y esclarecedor respecto de su iniciación en el arte, las influencias recibidas, el «Automatismo» al que adhirió en parte, su obsesión perfeccionista. Precisamente, no ocultaba su admiración por Piero della Francesca o Van Eyck, cuya perfección formal intentó reproducir y cuando alguien lo calificó como un renacentista del siglo XX, la idea lo enorgullecía. Es muy emotiva la referencia a su encuentro con Juan Batlle Planas que despierta su pasión por la pintura y a quien elige como maestro, «una etapa fascinante en mi vida. Cada trazo, cada pincelada, cada momento en el taller eran un descubrimiento, un gozo».

De estas conversaciones no sólo surge su profunda reflexión sobre su propia obra o el fenómeno del arte en general, sino también su preocupación por la ciencia, traducida en la lectura de textos sobre genética y psicología. Aizenberg parecía distante, imbuido de un aura medieval, de alquimista secreto, como lo atestigua la hermosa composición fotográfica de Humberto Rivas en una de las primeras páginas del libro. Pero podemos afirmar que era y es una suerte de «elegido» en el sentido de la admiración y devoción de aquellos que lo frecuentaron con asiduidad y también aquellos a quienes les llegan los ecos de su pensamiento.

En los Apuntes con los se cierra esta serie de encuentros, Barbarito señala que el arte de Aizenberg debe frecuentarse cuando la sala que lo alberga está vacía, para que el espectador pueda sentir el complejo juego de relaciones entre los elementos de cada pintura, entre cuadro y cuadro, entre los cuadros y las paredes, el suelo, el aire, el silencio, la luz y la sombra.

El libro, cuidadosamente editado por la Fundación Federico Jorge Klemm, contiene palabras preliminares de la autora de esta nota y un análisis a cargo del crítico de arte Jorge López Anaya que recuerda la célebre exposición «Surrealismo en la Argentina» organizada en las salas del Di Tella por Aldo Pellegrini en 1969 en la que participaron todas las vertientes de esta disciplina. Tiempo después, Aizenberg afirmaba que «el Surrealismo no es un estilo ni una escuela, es una filosofía, es una forma de vivir o quizá de ver el mundo».

Cabe agregar que a partir del 21 de setiembre, en el Centro Cultural Recoleta se podrá apreciar el arte de Aizenberg en una muestra con obras que abarcan el período 1950-1994.

Algunos de los elementos que
Carlos Gallardo utiliza para la ejecución de sus obras no son en absoluto seductores: tablas, tornillos, acrílico s/plomo, desechos de embalaje industrial, plomo s/papel, cables de acero que encierran o atrapan cartas, agendas, sobres, fotos, coleccionados obsesivamente.

Esta es una descripción «impresionista» de una obra densa en contenido y es ahí donde reside la seducción, bella porque es verdadera. A través del tiempo nunca ha dejado de conmovernos. Recordamos la extraordinaria «puesta en escena» de un muro cubierto de nombres que se reflejaban en el agua, nombres que no deben caer en el olvido o su políptico
«Inútil insistir» con las preguntas dónde, cómo, qué, cuándo, en 36 paneles a manera de cajones archivos, que encierran el pasado.

Ya desde el título de su muestra actual,
«Un golpe a los libros», instalación que ocupa la sala J del Centro Cultural Recoleta, intuimos que Gallardo aborda el tema de la censura. Parte de un hecho real acaecido durante el último gobierno militar: órdenes de prohibición de libros, quema de ejemplares, listados de títulos sacados de circulación. Tratado de una manera ascética, sin golpes bajos, a Gallardo le basta testimoniarlo con un panel compuesto con parte de los 1.100 libros editados por la Secretaría de Cultura durante ese período. Su título: «Poder de Policía de Moralidad en materia de espectáculos y de publicaciones», apenas se percibe bajo una capa de plástico transparente a su vez cruzado por alambre.

En otra sala, el contenido del libro bajo la transparencia del acrílico y atornillado provoca su rechazo. Las huellas del hecho vandálico aparecen sobre otro muro, despojado, arañado, vacío. Un muy creativo video con la lista de los libros prohibidos y los nombres de los escritores desaparecidos completa esta ominosa visión. Con su acto crítico, como lo denominaría
George Steiner, Gallardo logra conmovernos una vez más. Clausura el 16 de setiembre.

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