María Roja Lojo: lúcidos diálogos de ultratumba

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En su nueva novela, "Así los trata la muerte", imagina las vidas ulteriores de personajes famosos enterrados en el cementerio de la Recoleta.

Una nueva visita al cementerio de La Recoleta le permite a María Rosa Lojo, en las ficciones con documentada base histórica de “Así los trata la muerte” (Alfaguara), resucitar figuras de nuestro pasado para contar qué fue de su vida post mortem. Lojo es autora de “La pasión de los nómades”, “La princesa federal”, “Los libres del sur” y “Finisterre”, entre otros libros. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Qué la llevó a resucitar personajes del nuestro cementerio más paquete?

María Rosa Lojo: Lo de paquete podríamos ponerlo entre comillas porque el de Recoleta fue el primer cementerio público de Buenos Aires. No todas las personas enterradas allí pertenecieron a las primeras familias del país ni a las más ricas. Con la fiebre amarilla se abrió el otro cementerio público, el de la Chacarita. Tampoco en sus orígenes la Recoleta era un barrio paquete, pasaba de todo ahí. En “Historias ocultas en la Recoleta”, que escribí con Roberto Elissalde, se cuenta que se llamaba popularmente de la Recoleta, porque esa zona era de los frailes Recoletos, pero el nombre real era Cementerio del Norte. No es que necesariamente los habitantes de ese cementerio hayan sido todos personas ilustres o ricas.

P.: Caso emblemático, ahí está el cuerpo de Evita.

M.R.L.: En la bóveda de la familia Duarte, que decidieron enterrarla ahí. Hay una galería de muertos conspicuos más allá de la fortuna. A La Recoleta se la menciona por su patrimonio arquitectónico, la belleza de las estatuas. Detrás de esas construcciones ha habido un dinero para poder hacerlas. Lo que he intentado relevar, tanto en ese primer libro como en “Así los trata la muerte”, es el tesoro narrativo oculto tras cada una de las lápidas y bóvedas. Allí está la memoria nacional, es un sitio representativo de la Argentina. No solo de Buenos Aires ni de una clase social. Es un palimpsesto de la memoria que con los poderes de la literatura podemos redescubrir y relacionar con nuestro presente. Por eso se escribe ficción histórica. Encontramos en el pasado respuestas a planteos del presente sobre nuestra identidad.

P.: Revivir a un muerto ilustre suele usarse tanto para la habitual apología como para el sarcasmo, como lo hizo Anzoátegui en “Vida de muertos”.

M.R.L.: El primer libro de este género es “Diálogo de los muertos” de Luciano de Samosata. En “Así los trata la muerte” hay momentos de sátira y humor, como los hay en la divertida obra teatral “Os vellos non deben enamorarse” de Alfonso Rodríguez Castelao. Hay una amplia tradición satírica en los libros de diálogos de los muertos. Hay personajes con los que la narrativa se ensaña un poco, porque se la han buscado. En el relato “El rey del fuego” Nerón dialoga con el bombero José María Calaza, célebre en su momento. En “Tu triunfo de ayer” Macoco Álzaga Unzué, el playboy arruinado, inspirador de Isidorito Cañones, piedra negra de su familia, del que se dice que “tirar manteca al techo” fue su legado al imaginario argentino, vuelve ya no como el “rey de la noche” sino que debe dedicarse a complacer a niñas bien que ahora son las que van de juerga.

P.: En “Huérfanos” enfrenta a Dominguito Sarmiento con Vicki Walsh.

M.R.L.: Quise marcar la relación posible entre estos los hijos de dos hombres ilustres. Padres de personalidades muy poderosas, los dos periodistas, los dos políticos, los dos mujeriegos. Domingo Faustino Sarmiento y Rodolfo Walsh son abrumadores como personajes. Tienen sus hijos muy jóvenes. Hijos que deciden inmolarse por una causa que juzgan superior, trascendente, aunque sus ideas políticas no son las mismas. El mundo ha cambiado. Lo que se consideraba progresista, esa guerra que a Dominguito le parece justa, y por la cual muere, es enjuiciada por la generación de Vicki Walsh, que se considera revolucionaria. Los conceptos, los valores, las ideologías pueden cambiar, pero la actitud de inmolación, de sacrificio, aunque la causa sea diferente, es similar. Y siempre están bajo la sombra de esos padres. Padres que los amaban profundamente, pero que en cierto modo los aplastan. Es difícil tener padres tan importantes que incidieron tanto en el horizonte ideológico de su tiempo.

P.: ¿Por qué hace que Mariquita Sánchez reviva en París?

M.R.L.: Es un lugar al que ella, tan afrancesada, le hubiera gustado ir y al que nunca fue. Desde allí le escribe cartas a su hija, como lo había hecho antes. Lucio Mansilla y su hermana Eduarda, ambos escritores, vuelven como fantasmas. La historia de Lucio la narra su valet, Manuel Peña. Eduarda, nuestra primera escritora de libro de viajes, vuelve a Estados Unidos donde estuvo en la época de Lincoln, y se encuentra con el país de Donald Trump. Victoria Ocampo regresa pero no a su casa sino a la casa de Fani, su ama de llaves. Y Camila O’Gorman dialoga con Eloisa, la de los amores con Abelardo.

P.: ¿Qué está por publicar ahora?

M.R.L.: “Los brotes de esta tierra” un libro de poesía. y “Lo que hicieron ahí”, un libro de cuentos encadenados que se vuelve una novela.

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