18 de julio 2002 - 00:00

"LILO Y STITCH"

Escena del film
Escena del film
«Lilo y Stitch» («Lilo And Stitch», EE.UU., 2002; doblada al español). Film de animación. Dir.: Ch. Sanders y D. DeBlois.

L os animadores y guionistas de Disney, como pensaría Mafalda, han de estar psicoanalizándose de incógnito. Su nueva producción de largometraje, «Lilo y Stitch», es lo más alejado del modelo Disney del que se tenga registro. Si bien el legendario estudio hace ya tiempo que viene aggiornando sus fórmulas a estas épocas menos inocentes, este film acusa, como nunca antes, influencias que paradójicamente la acercan a ciertas características del lenguaje de algunos habituales rivales del estudio: humor negro, ambiente tenso, cultura pop.

«Lilo y Stitch»
es la versión dark de «E.T.» y «Alf», con fondo hawaiano y música de Elvis. Su ejecución es espléndida pero su carisma dudoso. A diferencia una vez más de la tradición, esta película privilegia el localismo por sobre esa condición que siempre caracterizó a Disney, la universalidad, y que lo llevó a adaptar a su propio lenguaje los clásicos mundiales de la literatura infantil.

Aquí mandan la cultura aloha hawaiana, referencias directas o indirectas a ciertos íconos cinematográficos norteamericanos (como «Hombres de negro» o «Godzilla») y, sobre todo, la cantera Elvis e imitadores de Elvis.

Lilo es una niña solitaria, criada por una hermana mayor, y con problemas de relación con sus amigas. No desea otra cosa que alguien a quien amar, y que le llegue del cielo. Su anhelo se cumple, pero con ribetes casi bizarros: aterriza en su casa un Gremlin malhumorado que ni siquiera es un marciano sino un experimento genético interplanetario, denominado 626, a quien adopta como un perro y bautiza como Stitch. Su nueva mascota, mezcla de alien con el demonio de Tasmania, es eficaz, por momentos cómico, pero antipático. La ternura Disney es totalmente extranjera en su concepción. En la misma línea, la hermana mayor parece escapada de un film neorrealista: tiene problemas de trabajo, la acosa un asistente social que determinará si ella puede seguir educando a Lilo, etc. Más tarde, el cuadro se cierra con la aparición de los extraterrestres malévolos que vienen a aniquilar a su engendro.

En la anécdota, como se ve, pueden reconocerse tibiamente algunas de las condiciones que podrían haber hecho de esta película un típico Disney (niña solitaria redimida por un ser fantástico), pero tanto su puesta en escena como la cultura pop de la que se nutre contradicen esas condiciones. La ventaja de boletería de todo esto es que «Lilo y Stitch» no sólo se dirige a los chicos, sino que muchos adultos reconocerán complicidades que les harán más divertida la película. Eso sí: de lo que no se salvarán los padres es del bonus que la versión en español regala a las pequeñas espectadoras: un clip de Bandana como hawaianas, cantando «Falling In Love Again» («Muero de amor por ti»). Nada es perfecto.

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