«Cómo perder a un hombre en 10 días» («How to Lose a Guy in 10 Days», EE.UU., 2002, habl. en inglés). Guión: K. Buckley, B. Regan y J. Long sobre libro de M. Alexander y J. Long. Dir.: D. Petrie. Int.: K. Hudson, M. McConaughey, M. Michele, S. Harlow.
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P ese al escepticismo que despierta al principio, y reconquista al final, esta comedia romántica del experto Donald Petrie («Un pedazo de cielo», «Miss simpatía») tiene suficiente ingenio en el medio como para hacer pasar un buen rato al público consumidor del género.
Tras ser presentados de la manera más convencional posible, los que no la pasan muy bien son los protagonistas. Inspirándose en los errores de una de sus amigas, Andie, una reportera de revista femenina con aspiraciones superiores a las tonterías de la sección «Cómo hacer...», juega una apuesta con su astuta editora: seducirá a un hombre, hará todo lo necesario para que éste huya despavorido en 10 días, y escribirá sobre la experiencia. El problema es que Ben, el ejecutivo publicitario que tiene la mala suerte de elegir, ha hecho otra apuesta para conseguir la cuenta de una casa de joyas de diamante: seducirá a una mujer y la llevará, perdidamente enamorada, a una fiesta a realizarse en 10 días.
Los objetivos contrapuestos y ocultos, por supuestode esta pareja movida por la ambición generan situaciones realmente graciosas, sobre todo por la convincente actuación de Kate Hudson (Andie). A medida que se acerca el vencimiento del plazo y frente a la inesperada resistencia del publicista, cada nueva cita es una horrible pesadilla que nadie en sus cabales insistiría en soportar. En esta parte, la comedia de enredos se impone con buenos recursos de guión y un reparto a la altura de las circunstancias. No se puede decir lo mismo del inexorable desenlace romántico, vestido con tal sofisticación que todas las mujeres del elenco lucen diamantes (dicen que verdaderos) de la históricamente hollywoodense marca Harry Winston, en la fiesta donde se descubre el doble juego de la pareja protagónica y empieza a gestarse el happy end.
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