14 de octubre 2005 - 00:00

Los dos humores de un idéntico Woody Allen

Los dos humores de un idéntico Woody Allen
"Melinda y Melinda", más allá de su formato diferente en la vasta obra de Woody Allen, prosigue el mismo discurso en el que el humor obsesivo, neurótico y ciclotímico, tan propio de diálogos como de posturas corporales y gestualidad, no es otra cosa que una forma más de la desesperación. Allen planteó esa idea a través de decenas de variaciones, y ahora lo hace de la manera quizá más clara: una misma situación que puede ser contada de dos formas opuestas, la cómica y la trágica.

Tal el desafío que se proponen, al empezar el film, un comediógrafo y un dramaturgo en un bar de Manhattan, y así el resto del film será la gozosa y melancólica alternancia entre esas dos historias, ambas protagonizadas por un mismo personaje, Melinda (Radha Mitchell), que tienen un mismo punto de partida: ella llega, inesperadamente, a una casa ajena mientras sus ocupantes están celebrando algo.

En el relato «trágico», Melinda viene escapando de un grave cuadro familiar y encuentra refugio en la casa de una ex compañera suya (Chloé Sevigny), cuyo marido, habitualmente infiel, no la excluirá a ella de sus intereses. La aparición posterior de un músico negro (Chiwetel Ejofor) complicará más la situación. En el «cómico», Melinda termina siendo vecina del matrimonio que componen una atrevida cineasta (Amanda Peet) y un actor desocupado (Will Ferr er), que no es otro que el «doble» de Allen, es decir, el papel que él se hubiera reservado de haber actuado. Es cierto: ver a Ferrer es como ver a su clon (algo parecido le ocurría a Kenneth Branagh en « Celebrity»), de donde puede concluirse que el espectador nunca está satisfecho: o bien opina que Allen está muy viejo para ciertos papeles, o bien lo extraña cuando es otro quien lo reemplaza. ¿O pensar tal vez un film sin el papel «alleniano»? La pretensión es tan insostenible como reclamarle una renuncia a ese discurso continuo, nervioso, adictivo. E inimitable, como lo prueban los «clones» Allen que no son él mismo, y que no dejan de proliferar en todas partes.

Marcelo Zapata

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