El director del Instituto de Cine, Jorge Coscia, negó ante este diario que los futuros «embajadores» del cine argentino en el exterior vayan a tener cargos rentados. Días atrás, un comunicado del INCAA anunció la creación de esos insólitos puestos en embajadas y consulados argentinos en el mundo, que serían designados entre «personalidades representativas de la industria del cine» con el fin de facilitar coproducciones y ayudar a difundir la pantalla local en el mundo. La novedad provocó inmediatas suspicacias, sobre todo en estos tiempos de rígida austeridad duhaldista. Ningún otro país cuenta con «embajadores de cine» en el mundo. A Jack Valenti, presidente de la poderosa Motion Pictures de los EE.UU., el gobierno norteamericano le otorgó rango de embajador, pero no parece ser el mismo caso.
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El acuerdo se firmó anteayer en el Palacio San Martín, suscripto por Alberto Petrina, representante especial para asuntos culturales internacionales, y Coscia por el Instituto de Cine. «El Instituto no tiene dinero», aseguró el director de «Luca vive». «El presupuesto del año pasado fue de 35 millones, y este año dependerá de la recaudación según lo indica la ley de fomento al cine. Es por eso que este proyecto, que no es nuestro sino que viene de la gestión anterior, fue reformulado para que fuera posible no pagar sueldos a los embajadores. Son cargos honorarios. Esto es un 'bricolage', palabra que ha sido vapuleada en los últimos tiempos pero que la tomo porque quiere decir, en rigor, capitalizar recursos existentes», dijo Coscia.
Los delegados serán elegidos entre personas que ya residan en el exterior y estén vinculados a la actividad. Aunque no lo diga el decreto, y de acuerdo con la lógica oficial, también deberían tener la generosidad suficiente como para cubrir esa función sin cobrar un centavo y tampoco hacer negocios propios. «No buscamos habilitar una embajada para que productores hagan su negocio», agregó Coscia.
Hay conversaciones iniciadas con Carlos Hugo Araztaín, residente en Madrid hace 20 años, y Jorge Perel, dueño de productoras de cine en Medio Oriente, entre otros. En principio, se cubrirán seis ciudades: Londres, Roma, Río de Janeiro, Madrid, Los Angeles y Tel Aviv. Coscia no dejó, mientras tanto, de mostrarse atribulado: «Yo puedo continuar en mi cargo después de las elecciones pero no sé si quiero seguir lidiando. Ocupo un puesto que implica peso, y ese peso a veces abruma. Es difícil que con cada paso que se da se pongan piedras; en este país siempre se prejuzga, como ya se hizo con este proyecto que hoy estamos concretando», se lamentó, para luego explicar: «El cine no existe porque los números den. Casi nunca dan y se filma con riesgo económico y coronario. Y como las películas argentinas no se pueden amortizar sólo en el propio país, apuntamos concretamente al mercado extranjero. Buscamos expandir el cine que ha conseguido cierto prestigio en el mundo, pero no sólo haciéndolo participar en festivales pues con los premios no se compra celuloide».
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