«Los ríos color púrpura 2: Los Angeles del Apocalipsis», Fr.-It.Ing.). Dir.: O. Dahan. Int.: J. Reno, J. Hallyday, G. Lazure, Ch. Lee, B. Magimel.
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Con «Los ríos color púrpura», Mathieu Kassovitz siguió a Luc Besson en su intento de competir con Hollywood sin perder la identidad. Si ese policial se convirtió en un film de culto quizá se deba a la mezcla de suspenso, conspiración política y momentos de super acción al mejor estilo de los viejos films de aventuras coproducidos entre tres o cuatro naciones europeas. Besson se dio por enterado al punto de tomar la franquicia como propia, escribiendo y produciendo esta secuela totalmente delirante aún para sus niveles habituales.
El film original era un policial con asesino serial psicópata cuya novedad era una rara derivación hacia la política-ficción.
La continuación directamente se tira de cabeza a los delirios místicos apocalípticos que hace un lustro dejaron totalmente en ridículo a aquel Schwarzenegger que intentaba detener el Apocalipsis. La diferencia es que el sentido del humor francés -y el snobismo estético-nunca se toman demasiado en serio la absurda trama sobre crímenes rituales y un Jesús aterrizado en medio de la calle anunciando el juicio final, para terminar en un hospital asediado por alucinantes monjes ninjas que vuelan por los tejados en una rara mezcla de los villanos de los seriales franceses mudos y las modernas películas chinas.
El aplomo de Jean Reno (que vuelve verosímil cualquier cosa) más la presencia de Christopher Lee y un increíble Johnny Halliday, más un buen sentido del ritmo y una ironía casi buñueliana ayudan a recomendar este producto, que funcionaría aún mucho mejor si no cargara con el peso de la película original.
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