19 de febrero 2026 - 13:47

"Love": la lección de anatomía amorosa

El noruego Dag Johan Haugerud explora la distancia entre sexo y afecto a través de una médica y un enfermero que intentan evitar el compromiso y terminan confrontando la fragilidad del deseo

Andrea Bræin Hovig yTayo Cittadella Jacobsen en Love, de Dag Johan Haugerud

Andrea Bræin Hovig yTayo Cittadella Jacobsen en "Love", de Dag Johan Haugerud

En “Love”, el noruego Dag Johan Haugerud confirma que su cine no está interesado en las grandes declaraciones sino en los matices, en las zonas de conflicto donde el deseo, la palabra y el cuerpo negocian sus límites. La película, integrante de una trilogía que completan “Sex” y “Dreams”, funciona como una variación coral sobre el amor contemporáneo: sus formas posibles (o, mejor dicho, imposibles), y sus inevitables insatisfacciones.

Marianne (Andrea Bræin Hovig), médica uróloga, y Tor (Tayo Cittadella Jacobsen), enfermero gay, trabajan juntos en una clínica. Ella lidia a diario con pacientes a los cuales, con serenidad profesional, suele comunicarles diagnósticos graves o irreversibles; él acompaña con profesionalismo y distancia aséptica. En sus respectivas vidas personales, ambos comparten un mismo rasgo: evitar el compromiso amoroso. No desde el cinismo, sino desde la defensa emocional. Ella, con el paso del tiempo, se harta de eso; él, aunque no lo termine de reconocer, también.

La primera conversación personal entre ellos ocurre en un ferry, espacio de tránsito y anonimato donde Tor suele buscar encuentros casuales con hombres. La elección del ferry es sintomática: un territorio de tránsito, fuera de tierra firme, donde el deseo puede ejercerse sin bases. Tor se mueve con naturalidad en esa lógica de sexo sin futuro. Marianne, en cambio, observa con curiosidad esa libertad, en especial tras conocer a un geólogo divorciado, al que le presenta una amiga, y que le dice que para él lo más importante en el mundo son sus hijas (no hay peor cosa que un divorciado le pueda decir a una mujer con la que intenta armar una nueva pareja, sobre todo si esa mujer no ha sido madre).

Marianne, esa misma noche, decide explorar la posibilidad de una intimidad espontánea con un hombre al que conoce en el ferry. La experiencia se frustra cuando, después del sexo ocasional, descubre que él es casado. El gesto de liberaciòn choca con la persistencia de una estructura clásica: el deseo masculino se permite la aventura, y la aparente búsqueda de la misma libertad por parte de la mujer revela que, en el fondo, sólo lo que ella necesita es “love”, como cantaban Los Beatles.

Tor, por su parte, atraviesa un movimiento inverso. Aunque fiel a la lógica del encuentro casual, termina estableciendo un vínculo de afecto y cuidado con uno de los hombres que conoce en el ferry. Ese hombre lo rechaza, incapaz de sostener algo más que el contacto efímero. La ironía trágica llega después: ese mismo hombre reaparece como paciente de la clínica, sometido a una extracción de próstata. El cuerpo que había sido objeto de deseo se convierte en vulnerable; el sexo en cuidado y ternura.

Es allí donde “Love” despliega uno de sus hallazgos más poderosos. La película parte del cuerpo, de su fisiología, de su fragilidad, de su sexualidad, pero lo trasciende para instalarse en el territorio de los afectos. La próstata, órgano asociado a la potencia y al placer, deviene símbolo de la fragilidad compartida. El deseo no desaparece, pero se reconfigura bajo la sombra de la enfermedad y el cuidado.

En ese desplazamiento se condensa la tesis más sutil del film. La diferencia entre amor y sexo, tema que atraviesa la película también desde una dimensión teórica, no es una cuestión de intensidad o de duración, sino de responsabilidad. El sexo puede ser anónimo, inmediato, casi abstracto. El amor, en cambio, exige la inscripción en el tiempo. Marianne intenta forzar esa frontera y tropieza; Tor cree poder mantenerse del lado del placer puro y termina implicado afectivamente. Nadie queda indemne.

La estructura del film permite que estas experiencias no se clausuren en moraleja. Haugerud no jerarquiza la monogamia ni idealiza el encuentro libre; no condena la búsqueda de placer ni glorifica el sacrificio sentimental. Lo que muestra es que todas las formas de amor (romántico, casual, profesional, compasivo) circulan, se acoplan, pero también se anulan. Cada una lleva una cuota de insatisfacción. Las fantasías siempre se desajustan frente a la realidad del otro.

En el contexto de la trilogía, aparece como la pieza que articula cuerpo y discurso con mayor claridad. Si “Sex” indaga en la identidad del deseo, y “Dreams” explora la imaginación y las proyecciones íntimas, “Love” se sitúa en el punto donde el cuerpo encuentra todavía la posibilidad de un lazo afectivo. La clínica, el ferry, la conversación privada: todos son espacios donde la intimidad se vuelve materia de reflexión.

Este film llega en un momento especialmente fértil para el cine noruego, que parece haber encontrado en la exploración de los afectos una de sus líneas más profundas. Basta recordar “Valor sentimental”, de Joachim Trier, para advertir una sensibilidad compartida: historias donde los vínculos, las heridas emocionales y las ambivalencias del amor se abordan sin estridencias, con una mezcla de lucidez y compasión.

Haugerud filma con una serenidad casi clínica, pero humana. Los diálogos son precisos; las actuaciones, contenidas; la puesta en escena, austera. Sin embargo, bajo esa superficie late una pregunta radical: ¿cómo amar en una época que promueve la autonomía, pero no resuelve la necesidad de cuidado? La película no ofrece respuestas. Prefiere mostrar cómo el amor circula, se transforma, se frustra y vuelve a intentarse.

Lo que queda no es una definición del amor, sino la conciencia de su fragilidad y su persistencia. El cuerpo puede fallar, la potencia extinguirse, el encuentro no prosperar. Y aun así, algo permanece: una forma mínima de cuidado, una conversación que abre la posibilidad de otra historia. En esa insistencia, discreta pero obstinada, “Love” encuentra su verdadera intensidad.

“Love” (Noruega. 2024). Dir.: Dag Johan Haugerud. Int.: Andrea Bræin Hovig, Tayo Cittadella Jacobsen, Marte Engebrigtsen, Lars Jacob Holm.

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