2 de marzo 2004 - 00:00

Luces y sombras de la ceremonia

Es inevitable: para gozar en plenitud la ceremonia del Oscar no queda otra que saber inglés. Este año, el subtitulado simultáneo de TNT terminó siendo una de las peores versiones de los últimos años. Los subtítulos fueron esporádicos, inexactos y siempre fragmentarios. Omitieron todo el discurso inaugural de Billy Crystal, la estupenda canción de apertura y gran parte de los chistes. No se tradujo ni un solo nombre propio. Hasta se sintió nostalgia por los años en que Pepe Ludmir hacía de intérprete simultáneo, aun con todos sus errores.

• Andy Kusnetzoff se hizo famoso en sus tiempos de CQC cubriendo, con su desparpajo juvenil, la alfombra roja. Pero, a esta altura de su carrera, que continúe con la misma rutina (que ya no sorprende a nadie) es un poco penoso, francamente.

• Las cintas rojas de la lucha contra del sida pasaron de moda entre los artistas, al igual que los discursos políticos. Billy Crystal se limitó, correctamente, a desearle un buen regreso a los soldados que están en Irak, Sean Penn no manifestó nada en contra de Bush, y hasta el rebelde Will Smith, que el año pasado, tras la invasión, aseguró que nunca iría al Oscar, anteanoche presentó un premio.

• Ni los grandes artistas corren con ventaja en Hollywood. Anteanoche, en el rubro Mejor Corto Animado, perdieron nada menos que Salvador Dalí y Walt Disney. Estaba en competencia el corto «Destino», recobrado el año pasado a partir de sus originales, pero perdió ante el moderno «Harvie Krumpet».

• Como siempre, el momento del Oscar honorífico fue uno de los puntos más altos de la ceremonia. Esta vez lo recibió otro gran postergado por la estatuilla (esa es la auténtica razón de este Oscar), el veterano Blake Edwards, creador de la serie de la Pantera Rosa y clásicos como «Desayuno con diamantes» y «Días de vino y rosas». Edwards protagonizó un gag con Jim Carrey en una silla de ruedas, recordó con mucho afecto a Peter Sellers, y tuvo cálidas palabras hacia su esposa Juile Andrews, «esa inglesita con voz de soprano y vocabulario promiscuo».

• Mel Gibson había sido invitado como presentador, anteanoche, pero no concurrió. Se dice que fue por temor a los abucheos en razón de su polémico film sobre Cristo. Billy Crystal apenas hizo una broma sobre el tema: dijo que era la primera fiesta del Oscar que se retrasmitía simultáneamente en arameo, aludiendo a la lengua muerta en que está hablado el film de Gibson.

• Estupendo como siempre el corto de apertura, con Billy Crystal inmiscuyéndose entre las películas candidatas: desnudo ante Jack Nicholson y Diane Keaton en «Alguien tiene que ceder», o corriendo con Michael Moore en la Tierra Media de «El señor de los anillos».Y, también como siempre, abrumadoras las interpretacionesen vivo de las canciones nominadas.Son cinco en total, cuando uno tiene ganasde que entreguen premios y no sigan estirando tan innecesariamente la transmisión. . El año pasado fue muy doloroso para Hollywood por la cantidad de artistas que murieron. La ceremonia del Oscar lo reflejó bien, y emotivamente, con tres momentos especiales (los dedicados a Bob Hope, Katharine Hepburn y Gregory Peck), y la tradicional evocación a otras celebridades desaparecidas. El presidente de la Academia Frank Pierson recordó con mucho afecto a Peck, Billy Crystal a Hope, pero la evocación de Hepburn a cargo de Julia Roberts sonó más aprendida en un libreto que sincera.

• Algunos buenos momentos humorísticos de la noche: el sketch entre Crystal y Robin Williams, la presentación de políticos americanos con títulos de películas (Hillary Clinton en «Kill Bill»: «Matar a Bill Clinton»), y el dúo entre los comediantes Jack Black y Will Ferrell, cuando antes de anunciar la mejor canción interpretaron una dedicada a quienes se excedían en los agradecimientos. Tal vez, otro momento ya casi humorístico sea el exceso de llantos entre las actrices.

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