13 de junio 2001 - 00:00
Madame Mao, otra dama de Shanghai
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Oscar Barney Finn.
P.: ¿Cuáles son las dificultades de ocuparse de una cultura tan distante como la oriental?
O.B.F.: Hay que investigar, leer y realizar una puesta en escena distinta. Lo que estoy haciendo es buscar un código teatral para una obra argentina que trata sobre Madame Mao. Desde la escenografía, el vestuario, la música y las luces uno busca esos códigos nuevos.
P.: ¿Qué lo atrajo de la vida de la mujer de Mao?
O.B.F.: Más allá de que Madame Mao nace en un pueblo común a tantos personajes míticos, Shanghai, que quiere ser actriz y que tiene una gran ambición, esta mujer tiene la suerte de escapar de esa ciudad, se va a la montaña y se encuentra con Mao, lo seduce y conviven durante 38 años. Indudablemente esta mujer, que ambiciona ese lugar de poder, lo tendrá en un momento muy especial: durante la Revolución Cultural de los años '60.
P.: ¿Qué tiene en cuenta para poner en escena un hecho histórico que fue resignificado tantas veces?
O.B.F.: La Primavera de Praga o el Mayo Francés, como este episodio, fueron momentos que conmovieron a la opinión pública. Uno puede ver fotos, películas, leer libros y encontrarse con diversos abordajes. Por ejemplo, el exotismo con que los norteamericanos pintan a los chinos o japoneses no tiene nada que ver con la filmografía china, importantísima hoy. En ese marco, el director es un intérprete del texto del autor y busca experimentar.
P.: Usted realizó hace poco un programa de televisión que también se vale de la historia.
O.B.F.: Se llama «Encuentros» y está descansando en un cajón de «Canal 7». Se trata de encuentros que nunca existieron pero que son posibles, por la época o por las temáticas. Uno era el encuentro entre tres madres, la de Sarmiento, la de Borges y la de Rosas. Y participaron actores de primera línea como Perla Santalla, Esther Goris y Luisina Brando, entre otros.
P.: ¿Por qué nunca se emitió?
O.B.F.: El canal nunca supo apreciar cosas de gente muy talentosa que pasó por ahí. Ahora que cumple 50 años, esperemos que muchos de esos programas no hayan desaparecido.
P.: ¿Cuál es la vigencia de «Madame Mao»?
O.B.F.: «Madame Mao» habla de una cultura que vale porque mueve multitudes y porque es muy masiva. Acá parece que los actos culturales sirven cuando son un rédito político o eleccionario. Lo más importante de una adaptación de este estilo es la sinceridad de uno mismo frente a lo que hace, más allá de los éxitos y de las respuestas masivas, en una sociedad que se ha vuelto sumamente exitista.



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