30 de junio 2003 - 00:00
Maldonado, maestro del diseño, habló en el país
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Maldonado llegó a Ulm con estas inquietudes, su título de la Escuela Nacional de Bellas Artes y su trayectoria artística bajo el brazo, se quedó 15 años y ocupó el cargo de rector. Mérito que atribuye a que durante el difícil período de la reconstrucción, «los alemanes estaban distraídos, pues de otro modo no se explica que aceptaran un personaje tan exótico».
Recordó así que mientras «los señores que pintaban las Galerías Pacífico creían que a través de la representación de la realidad de la clase obrera todo sería posible» (se refiere a Castagnino, Berni, Spilimbergo y Urruchúa), los manifiestos del arte concreto auguraban que el mundo de la representación desaparecería. «Nosotros éramos utopistas, creíamos que a través del arte concreto se podía cambiar el mundo -explicó-. Es decir, creíamos que a través de ciertas líneas muy sutiles sobre una superficie y un color homogéneos podíamos meter en dificultades al capitalismo. Fue un error, se ha demostrado que las dos hipótesis, la nuestra y la de los señores de las Galerías Pacífico estaban erradas. Pero nosotros estábamos convencidos, aunque había gente que creía un poco menos, como Hlito, que con su sarcasmo volteriano siempre preguntaba si eso sería factible».
Resumiendo su complejo pensamiento filosófico, observó que su interés por saber cuál es el impacto de las nuevas tecnologías de la información, y en qué medida la modernidad se confirma, o no, a través de ellas, lo llevó a publicar una serie de libros «muy pedantes y académicos», según su criterio.
En «Vanguardia y racionalidad» figura, entre otros tópicos, su polémica con Umberto Eco sobre la iconicidad o los aspectos representativos del arte. «El futuro de la modernidad» parte de la idea Habermas de que es un proyecto inconcluso y defiende algunos aspectos de la modernidad, «sólo algunos».
En «Real y virtual», reflexiona sobre qué nuevos horizontes pueden abrir las nuevas tecnologías al proyecto de la modernidad. Y en «Crítica de la razón informática» considera el fracaso de Internet, «pues se creyó que podría ser el gran sistema de democratización universal, cuando está demostrado sólo 2 o 3% de la población tiene acceso».
«Mi esperanza -agrega-, es que este modelo imperial entre en dificultad, aunque ahora soy mucho más cauto en mis previsiones que cuando tenía 20 años».
En ese lúcido deambular por su propio pasado, encadenó su trabajo de las últimas décadas con las utopías de los años 40 y 50, pues pese a admitir que formó parte de una élite estetizante, su interés se mantiene anclado en una fuerte preocupación por el tema social. Dedicado en las últimas décadas a estudiar los problemas ambientales, Maldonado, que se autocalifica como un «pesimista constructivo», dijo que cuando llegó a Buenos Aires esperaba encontrar la ciudad sumergida en el infierno de los «cartoneros», y que descubrió en cambio «unos señores casi elegantes y muy ordenados, que crearon el modo argentino de la recolección diferenciada».



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